Crítica cine: L’illusionniste (2010)

 

Una gran muestra de cine animado “old school”.

Director: Sylvain Chomet.

Voces de: Jean-Claude Donda, Eilidh Rankin.

Las circunstancias que rondan la creación esta película son muy misteriosas. Es un proyecto que ha pasado años guardado. Muchas personas han querido adaptar la historia original escrita por Jacques Tati en 1956, pero solo esta vez se logró. En manos de alguien que si bien no es conocido, sus secuencias animadas son increíbles. La forma como parametriza una escena y no usa ángulos complicados es una virtud que en el año 2011 es poco apreciada. Con toda la animación en 3D y el monstruo de Pixar, el ver una película animada con recursos ya obsoletos resulta nostálgico. En este caso en particular, el resultado es mágico. Humilde pero mágico.

La película va sobre un mago que no es exitoso. Pero es bueno. En pantalla se ve como su magia es tan excepcional pero al mismo tiempo demasiado pequeña. Aunque esté ambientado en los años 1950, la aparición del Rock n’ Roll, opaca el trabajo de nuestro querido protagonista. En uno de sus viajes, conoce a una chica que es impresionada por su capacidad de hacer aparecer cosas de la nada. Hasta un par de zapatos que le encantaron.  Esto hace que la niña lo persiga y se haga una especie de acompañante (no romántico) para sus viajes y quizá para el resto de su vida. En todo este transcurrir, se van quitando las capas de una trama triste y realista de alguien que ha perdido la capacidad de cautivar. El final es demasiado oscuro y nos llega como un shock al corazón. Por favor noten que el mensaje de “Los magos no existen” va dirigido también al espectador que ha soñado con ver al hombre feliz en un desenlace.

La simpleza del filme es su mayor virtud. Apenas se pueden contar las veces que hay diálogos. Pero es que tampoco hacen falta. En una de las escenas más interesantes de la película, el mago intenta cambiar de trabajo pero fracasa. Y por su poca desesperación y una falta de ambición deja que la lluvia se lleve sus fallas y al mismo tiempo se da cuenta de que no nació para otra cosa que para entretener. Renuncia y simplemente camina. Renuncia a ese principio de cambiar y se deja llevar por el camino, llegando a casa, le esperará la chica, la hija que nunca tuvo y el destino de regalos que siempre pensó que podía dar.

Es también importante destacar que la película no pretende una animación interactiva ni impactante. Cada plano es una pintura. Un lienzo es lo que se necesita para contar una historia, pero esta vez el procesamiento de las imágenes no fue necesario. La cercanía a los personajes no es algo de lo que sufre la película y utiliza para conmover. Es la lejanía de los mismos a la realidad. Es el verlos en un entorno idealista pero finalmente decadente lo que nos produce la sensación de ver una historia fictica cuando fácilmente podría ser real.

Calificación: ***1/2

Un trailer

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