Crítica cine: Somos lo que hay (2010)

Cuando el padre de una familia extraña fallece en el medio de la calle, se revela el secreto que siempre han escondido.

Dirigida por: Jorge Michel Grau.

Protagonizada por: Francisco Barreiro, Paulina Gaitán, Alan Chávez, Carmen Beato, Daniel Giménez Cacho.

El simbolismo en el cine es un recurso arriesgado ya que implica cierta madurez para poder salir con algo bien hecho. No todos los cineastas lo pueden hacer y ciertamente que en las últimas décadas se ha olvidado un poco la tendencia vanguardista de expresar un sentimiento mediante algún género o estilo de cine. Parece mentira pero la creatividad es resultado de los pocos recursos económicos que se le otorga a un proyecto. Al menos en Somos lo que hay es así. Y funciona a la perfección. Pretende ser simbolismo, pero resulta ser un ataque a una sociedad totalmente podrida. Y aunque fanáticos del horror como yo quisiéramos que no fuera así, es imposible romper ese enlace. Sin embargo, Somos lo que hay resulta ser una película de horror de pies a cabeza, y lo mejor es que funciona de ambas maneras: como una protesta ante la violencia atacada con violencia, y como una perfecta muestra de que el cine de horror no muere y que no se aloja solamente en Hollywood.

La película va sobre una familia conformada por padre y madre y tres hijos. El padre muere en la primera escena. Víctima de lo que suponemos es un envenenamiento. Cuando la familia se entera de la muerte de quien los dirige, se frustran y se preguntan que harán de ahora en adelante. Los que no saben hasta ahora a que se refieren es que se han educado como caníbales y su padre era quien les llevaba la comida. La película describe la transformación del hermano mayor en el supuesto patriarca de la orden caníbal. Su madurez es nula y en pocos días debe aprender a llevar comida a su casa en forma de muertos en compañía de su hermano rabioso y violento e indirectamente guiado por la más metódica de la familia: su hermana, con quien conserva una relación que tiene ciertos aires incestuosos. Su madre sigue de luto por la muerte repentina del padre. El desenlace por más esperado que sea, describe un movimiento arriesgado del guión: simplemente se suelta todo y los personajes hacen lo que sienten que deben hacer. No estamos al frente de un guión planificado. Estamos al frente de hechos que casi se sienten reales, por lo visceral del momento. Si esto hubiese estado basado en hechos reales, las cosas hubiesen sucedido así como están plasmados en pantalla.

Lo importante de este tipo de producciones es que a pesar de que tienen dos caminos posibles, cada vez se considera como más válido el camino serio. La película por más violenta que sea, es excesivamente deprimente pero nunca podemos quitar los ojos de la pantalla, ya que estamos viendo no a caníbales con hambre típica de zombies. Estamos viendo a una familia con un problema no habitual que necesitan solucionar. Como sea, pero lo tienen que hacer. Es por este toque de seriedad que nunca la violencia es gráfica sino supuesta. No hace falta mostrar sangre en una película así. Al igual que con Let the right one in (o su remake americano Let me in), los sentimientos se traducen en imagen y el diálogo resulta ser un complemento casi desvanecido por el poder de lo visual.

Los actores son excepcionales y la primera razón por la cual la película debe verse más de una vez. Vale la pena verles varias veces explotar ante la situación. Y cada uno se complementa al otro en cualquiera de las escenas. El director sabe que está filmando y que quiere transmitir; esto es lo valioso de poder escribir un guión y luego ser quien lo dirige. La película siempre se sentirá más personal y mucho más natural. Pero si hay algo que debo resaltar es que el director tiene agallas de filmar algo tan controversial como esto y ser respetado al mismo tiempo. Su debut termina siendo su opera prima.

Somos lo que hay termina siendo una película bien ambiciosa y que siempre tiene aires de orgullo sobre sí misma. Tiene el poder dramático para ser comparada con cualquier película de Alejandro González Iñárritu a nivel de producción. Los planos se cuidan. El ritmo se cuida. El sonido es impecable. Todo está perfecto en el aspecto técnico. Y con esto viene un arranque de originalidad argumental que hace de la película algo apreciable. Lo mejor: es inspiración para quienes estamos empezando o queremos empezar a hacer cine. Esto es un debut en gran pantalla que cualquiera de nosotros hubiese querido tener. El cine mexicano tiene capacidad y esto es muestra de que hay sustancia que se puede explotar en el género.

Definitivamente una de las mejores películas de horror que he visto en los últimos diez años.

Calificación: ****

Un trailer

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