Crítica cine: A royal affair (2012)

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Una joven reina que está casada con un rey demente, se enamora del médico del rey, y juntos inician una revolución que cambiará el mundo.

Dirigida por: Nikolaj Arcel.

Protagonizada por: Mads Mikkelsen, Alicia Vikander, Mikkel Følsgaard, David Dencik, Søren Malling, Trine Dyrholm.

País: Dinamarca, Suecia, República Checa.

Genero: Drama.

Duración: 137 minutos.

Todo el que me conoce sabe que el ver películas ambientadas hace 200 años no es algo que aprecie. Si me toca verlas lo hago, pero trato de evitarlas. El problema tiene que ver con las historias; la evolución nos llevar a ser intolerantes con cuentos banales sobre los principios de adulterio y todo aquello que pueda conformarse como la temática principal de una película y que por un tema de época sea mal visto por reyes y demás. El tema más frecuente es el adulterio y el desenfreno de un amor que no corresponde. Es casi estándar para este tipo de películas. Pero por más relevante que sea, no es trascendente. Con A royal affair ocurre algo particular. Es una película completa, ambientada en el año 1763. Basada en una historia real y promovida como una historia de un amor traicionado por ideales. Pero es mucho más que eso. Afortunadamente no cae en nuestras manos como una película romántica que termina en tragedia por el descubrimiento. Es una película dramática que usando al amor como tema principal, mueve las raíces de los principios ideológicos que hicieron realidad la Revolución Francesa como movimiento social. Podría parecer que una relación prohibida acabó con un reinado, pero en realidad empezó el estallido sociopolítico más importante de la historia. Mi boca ha quedado callada.

La película está ambientada durante el reinado de Christian VII de Dinamarca y contada desde primera persona por la reina, Caroline Mathilde, quien tuvo un romance con el médico personal del rey, Johann Struensee. En la época, el país estaba severamente expuesto a las vicisitudes de los puristas “dueños” de un consejo político. Dicho consejo hacía de las suyas y todo era aprobado por el rey Christian quien sufría de una deficiencia mental que le hacía actuar como un niño todo el tiempo. La reina sufrió todo este tiempo y renunció a cualquier capacidad de ejercer importancia en el reinado. Fanática de los nuevos pensamientos de Voltaire, pero tuvo que olvidarse de sus lecturas revolucionarias cuando llegó a su nuevo hogar. Paralelo a esta maduración obligada de la reina, el rey recibe un nuevo médico personal quien se concibe como el juguete preciado del rey, pero aprovechando el gusto del mismo por el arte, muestra su lado más fuerte como un escritor amateur de versos que hablan de la liberación del hombre, eso que tanto le gusta a la reina. Cuando el rey percibe que un cambio es inminente cambia las estructuras y le regala a Dinamarca el vistazo a un nuevo tiempo. Pero  la reina y el médico inevitablemente se enamoran y juegan con la posibilidad del cambio.

El filme es válido por su esencia y puesta en escena. No hay escenas innecesarias. Quien escribe se da cuenta de que la historia a ser contada es suficientemente poderosa como para apoyarse totalmente en ella. Y es que en toda la película nunca se olvida el propósito de la unión prohibida y por consiguiente tema principal: la necesidad de expresarse libremente. Ambos sujetos están atados por la emoción de lo que viene. Nunca sabemos si se aman o no, pero la consecuencia de su unión trae cambios. Sin embargo la fantasía no juega papeles acá. El tema principal es transformado en el segundo acto. Y sólo se usa como un justificativo para culminar la historia. En realidad lo que toma importancia es que la lucha por la verdad y la justicia nunca termina. El director y escritor le dan prioridad y curiosamente restan escenas en las que el médico y la reina estén solos en una cama. Siempre hay una tercera presencia, un tercer ojo que todo lo ve y que por su maldad acaba con vidas.

Llevar a cabo una película como esta sin buenos actores es imposible. No son bidimensionales y sin embargo se mantienen al borde de sobresalir demasiado. Es algo que creo que viene por el género y porque el director se limita a dramatizar una época y una situación en vez de un personaje histórico.

Un homenaje a los principios históricos del izquierdismo motivado por las razones que nadie admite.

Calificación: ***

Un trailer

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