Gran cine: Ladri di biciclette de Vittorio de Sica

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La obra maestra del neo realismo italiano sobre un hombre que debe buscar la bicicleta que le han robado.

Dirigida por: Vittorio De Sica.

Producida por: PDS Produzioni De Sica, Ercole Graziadei, Sergio Bernardi, Count Cicogna.

Escrita por: Vittorio De Sica, Cesare Zavattini, Suso Cecchi d’Amico, Gerardo Guerrieri, Oreste Biancoli, Adolfo Franci.

Protagonizada por: Lamberto Maggiorani, Enzo Staiola, Lianella Carell, Gino Saltamerenda, Vittorio Antonucci, Giulio Chiari, Elena Altieri, Carlo Jachino, Michele Sakara, Emma Druetti, Fausto Guerzoni, Giulio Battiferri, Ida Bracci Dorati.

Año: 1948.

País: Italia.

Género: Drama.

Duración: 93 minutos.

“El perdón es la forma final del amor.”

Reinhold Niebuhr.

Días después de haber visto Ladri di biciclette por segunda vez en mi vida, todavía no me sentía capacitado para escribir sobre esta maravilla del cine. ¿Cómo podría hacer justicia de todo lo que la película representa si tan solo tengo unas pocas líneas en las que debo ordenar todo y lograr que mis lectores sigan leyendo a pesar de estar hablando de una película que se estrenó hace 65 años? Pero mi respuesta estaba en la misma película. No necesito pensar más, ni tratar de colocar la atención en un punto específico de la película. Sólo se trata de aceptar mi experiencia al ver Ladri di biciclette, una de las piezas cinematográficas más importantes de la historia, sin discutir elementos ni atributos especiales conmigo mismo. Más que una excelente película, Ladri di biciclette es una porción de cultura histórica en manos de la fábula de un hombre que debe luchar contra su propia bondad para cometer un crimen por necesidad, y así alimentar a su familia. Nuevamente me surge la pregunta: ¿Hasta dónde llegaría para darle de comer a mi familia?

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El poder de un filme como este radica en la interpretación de un contenido dramático e histórico que nunca había sido retratado para la época. Y muchos preguntarán el por qué de seguir “defendiendo” este tipo de cine, o seguir colocándola como una pieza de historia. Ese reconocimiento hasta la actualidad es algo que solo puede sentirse, mas no decirse. Ver Ladri di biciclette hoy en día y sentir la humanidad en su máxima expresión e interpretación es algo obligado e inmerso en la experiencia única que este filme conforma. Uno no se siente transportado a la época por la credibilidad de un escenario ni de un guión. Es algo más. Es la sincera interpretación de un sentimiento humano y social lo que nos permite acompañar a padre e hijo al viaje más importante de sus vidas, en búsqueda de una bicicleta que podría representar la oportunidad de surgir.

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El filme muestra la historia de un hombre que vive en un pueblo de Italia después del desastre que representó la Segunda Guerra Mundial. La depresión del pueblo lleva a los hombres a sobrevivir trabajando con cualquier cosa que puedan. La superstición es un recurso habitual y no un ultimátum, las herramientas para trabajar las debe proveer uno mismo, y las familias sobreviven en un día a día incierto que podría terminar en muerte por hambre. La pobreza no es un estado social del que se sale, sino un estado fijo y perenne en la población que se mueve entre los obreros, y las mujeres que deben bailar ante los hombres. Nuestro protagonista está entre esos hombres que deben buscar trabajo todos los días y conseguir por suerte algo que pueda proveer alimento a su familia. Un día recibe el llamado a un nuevo trabajo pero para ello debe tener una bicicleta. Consiguen el dinero, y así adquieren una bicicleta. Su hijo, orgullosamente, le ayuda a limpiar la bicicleta en su primer día de trabajo. Todo parece ser perfecto para este hombre que ha conseguido una nueva oportunidad. Pero cuando menos lo espera, alguien le roba la bicicleta. El hombre toma como misión poder conseguir la bicicleta en el pueblo. Su hijo le acompaña en este viaje por los diversos rincones que puede ofrecer este pueblo deprimido por el hambre y la falta de oportunidades.

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Ladri di biciclette es la película más importante del movimiento llamado Neo-realismo italiano, en el que se mostraba ese país envuelto en la zozobra de la supervivencia post guerra. La clase obrera, la búsqueda de un sueño inexistente, y el pesimismo convertido en optimismo es algo que el género podía mostrar de manera unificada. Pero Ladri di biciclette toma la palabra “realismo” y la lleva al punto extremo tolerable. La lamentable situación del personaje principal es traducida por la inocencia de su hijo, quien siempre está detrás de su padre, persiguiéndolo como una realidad insomne que no se puede abandonar. La relación entre ambos es errática y casi incorrecta. El padre no sabe ser padre, solo sabe sobrevivir y soñar con conseguir el objetivo. Este hombre no es ambicioso y sin embargo llega a olvidar su posición como tronco en el entorno familiar para simplemente lograr lo que quiere. Su hijo le observa de manera conmovedora y nos proporciona el sentimiento más puro de todos: nuestros padres son nuestros héroes y así siempre quedarán en nuestras mentes.

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Las lágrimas al final de Ladri di biciclette son más de desesperanza que de optimismo. La tristeza escondida en dicha escena es un momento histórico en el cine; no es un mensaje lo que este final acarrea. Es una afirmación social de una verdad indiscutible para la época y para la humanidad entera. Tenemos a un hombre que ha sido perdonado por un crimen que él mismo condena. Pero el perdón por su hijo constituye la aceptación de la realidad. Su hijo no evalúa el crimen, solo lo perdona porque es su padre y lo ama. Y sobre todo, entiende. Como todo hijo aceptamos que nuestro padre es capaz de cualquier cosa para poder alcanzar el objetivo de alimentarnos. Su padre, en vergüenza llora, y acepta que falló; su lamento se resume en aceptar que su hijo lo vio y tiene miedo por saber que ha aprendido a robar. La unión de ambas personalidades por medio de manos que se agarran es algo que no puedo describir.

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El sentido de “aterrizaje” que Vittorio De Sica logra con Ladri di biciclette, es consecuencia de la necesidad de trabajar con elementos reales en vez de “industriales”. La falta de actores profesionales, y la falta de “limpieza” es algo que el director utiliza para ambientarnos y llevarnos al escenario de una época en la que la esperanza era casi nula. Pero es interesante cómo el director simboliza los caminos posibles para cualquier persona que se haya sentido desesperanzada. La religión como un recurso salvador es algo que De Sica incluye de manera frontal en una secuencia que resulta fuerte por su duración y por la “violencia” que muestra. Nuestro protagonista acusa a un anciano indigente en medio de una misa que se organiza para aquellos que no tienen un techo bajo el cual puedan dormir. Insiste e insiste, lo acusa y lo acusa, y le ordena que le muestre el ladrón de bicicletas. Todo en medio de una sesión religiosa. Esta objeción a la institución forma parte de la discusión moral en la que este hombre va cayendo a medida que la película transcurre. La superstición es otro elemento presente en la película. Cómo dije antes, no se trata de un último recurso, sino de una costumbre. El creer en alguien más que puede decirnos lo que queremos en medio de la tragedia y la miseria es algo que nuestro protagonista reniega al principio, pero acepta al final. Piensen si ustedes no han hecho lo mismo sólo porque es una práctica fácil en medio de una crisis.

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Ladri di biciclette es una película que no muchos habrán visto y que probablemente no muchos verán. No es una película bonita. No proporciona un “mensaje”. Es un pedazo innegable de realidad que todos debemos absorber por el bien de la historia que ha sido modelada hasta el día de hoy, por hechos que socialmente son relevantes. Aunque se conforme como una fábula, es una historia realista, abundante en drama, y carente de cualquier recurso que pueda “salvar” a los personajes de una tragedia inevitable. Observen, analicen, y acepten Ladri di biciclette como una muestra dura de lo verdadero. Yo mientras tanto, seguiré absorbiendo lo que la película me hace sentir, mientras anhelo tomar la mano de mi padre y acompañarlo por el viaje que representa el resto de nuestras vidas.

Un trailer

La última escena

Comments

  1. Recuerdo haberla visto de muy pequeña y la sensación que me dejó. De ver a mis 6 años cómo el mundo podía ser un lugar injusto.
    Me ha encantado tu crítica

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