Crítica cine: Mea Maxima Culpa: Silence in the House of God (2012)

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Un testimonio desgarrador sobre la pedofilia practicada por sacerdotes en una escuela para sordos.

Dirigida por: Alex Gibney.

País: Estados Unidos.

Genero: Documental.

Duración: 107 minutos.

Es indiscutible que el papel de la Iglesia se ha visto menospreciado por la cantidad exponencial de denuncias de pedofilia por parte de sacerdotes que se han hecho en los últimos años. Pareciera que el problema es mucho más presente de lo que imaginábamos. Algo que no entiendo es por qué las denuncias han aumentado en los últimos años. No quiero creer que la mentira forma parte de ese sentido de victimización que somos capaces de adoptar como seres necesitados de atención y fama. Es por esto que soy bastante escéptico e imparcial al momento de creer en una denuncia o en un argumento de defensa.

Pero documentales como Mea Maxima Culpa: Silence in the House of God nos hacen ver una realidad que ya no es perfecta. No digo que este tipo de películas me permiten creer o no en que las denuncias son basadas en un hecho real en la mayoría de las veces. Digo que estas son una denuncia en sí, que reclaman un argumento válido, fuerte, y suficientemente veraz por parte de la Iglesia que todavía no se ha conseguido.

La película se basa en el testimonio de un grupo de hombres que afirman haber sido abusados por un sacerdote en su escuela. Son totalmente sordos. La escuela especial en la que estudiaron era dirigida por un sacerdote que tuvo varias denuncias de pedofilia y nunca fue condenado por el crimen. La historia que se cuenta en Mea Maxima Culpa: Silence in the House of God puede hervir la sangre que corre por tus venas. No hablo del detalle del abuso, hablo del seguimiento del caso, y  de la reacción invisible de un representante importante de la Iglesia. Me entenderán si ven la película.

Ver Mea Maxima Culpa: Silence in the House of God y no sentirse afectado es imposible. Crecí en un hogar católico, y estudié en un colegio católico en donde se consideraba al sacerdote como autoridades que te decían que hacer en todo momento. Es por esto que ver este tipo de películas es tan difícil. No quiero decir que estuve a la merced de pedófilos pero el tema de confianza es fácilmente fragilizado por un testimonio como el que acá se maneja. Mi catolicismo y mi forma de creer son tan personales que no me gusta discutir el tema, pero puedo tener empatía suficiente como para saber que lo que acá se cuenta es tan impactante que puede convertir el amor y la dedicación absoluta en el odio hacia la figura que siempre se ha respetado.

El problema planteado acá es tan pesado como en otros testimonios que hemos visto antes y en otros documentales. Pero lo que tiene este filme que no tienen los otros que detallan la situación es que resumen la problemática para dar espacio a la curiosa omisión del problema por parte de la iglesia como institución. Es realmente impactante el resultado de la investigación que acá se debe tomar como el polo principal. La pedofilia es una realidad sucia y poderosa, pero la actitud de la institución frente a este problema es lo que verdaderamente da asco. Alex Gibney es un realizador de documentales que acá lo deja todo para que la historia llegue a donde debe llegar. Los escrúpulos y limitantes culturales se dejan de lado para poner en claro la criminalidad de ciertas representantes de la institución intocable en la que se ha convertido la Iglesia en cualquiera de sus ramas.

Calificación: ****

Un trailer

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