Gran cine: Oldboy de Park Chan-wook

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Después de haber sido secuestrado por quince años sin alguna razón aparente, un hombre es liberado y debe encontrar respuestas.

Dirigida por: Park Chan-wook.

Producida por: Im Seung-yong, Kim Dong-joo.

Escrita por: Hwang Jo-yoon, Im Joon-hyeong, Park Chan-wook.

Protagonizada por: Choi Min-sik, Yoo Ji-tae, Kang Hye-jung, Ji Dae-han, Kim Byeong-ok, Oh Tae-kyung, Yoo Yeon-seok, Woo Il-han, Yoon Jin-seo, Oh Dal-su.

Año: 2003.

País: Corea del Sur.

Género: Thriller.

Duración: 120 minutos.

“No hay venganza más completa que el perdón.”

Marco Aurelio.

La venganza. Ese sentimiento tan puro y tan natural que todos tenemos cuando alguien nos hace algo. Evaluada como una condena en la sociedad actual pero totalmente enseñada en el hogar común, y casi aceptada en nuestro proceso de maduración. Nadie piensa en ella y en los límites de la misma hasta que debemos aplicarla. En este momento nos convertimos en jueces y víctimas de nuestra propia conciencia. Y se generan tres preguntas difíciles de responder:

¿Realmente debemos castigar por algo que se nos hizo con la misma severidad?

¿Podemos ser tan malignos como para planificar un proceso largo, premeditado y exagerado de venganza?

¿Ese sentimiento de haber “completado un círculo” es necesario para nuestro bienestar?

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En el cine, este sentimiento necesario de vengarnos, ha sido retratado infinidades de veces. Y siempre de alguna manera se justifica para construir una película. En la mayoría de las veces dicha justificación sirve para que la violencia sea aceptada y hemos llegado a vitorear a un héroe que descuartiza porque ha sufrido algo y tiene la oportunidad de vengarse. Este tipo de violencia funciona por varias razones. Desde el morbo escondido en el espectador hasta una muestra artística de lo primitivo. En Kill Bill, la venganza es un emblema imborrable. En I Spit on your Grave, es un motor absurdo e innecesario. En Oldboy es el combustible que hace de la película un clásico instantáneo que nadie, absolutamente nadie, debe dejar de ver. Por más violenta, por más gráfica, por más agresiva que sea su trama, es perfectamente humano lo que la misma porta, y por lo tanto debe ser admirado si se hace de una forma tan artística como esta.

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Oh Dae-Su es un hombre con un estilo de vida totalmente dañado. El día del cumpleaños de su hija se encuentra encerrado en una comisaría. Borracho y violento, este hombre es ayudado por un buen amigo. Al salir de las manos de la policía, intenta llamar a su hija, y desaparece. Se despierta en un cuarto misterioso, parecido a la habitación de un hotel sucio y abandonado. Alguien le cuida. Todos los días recibe un plato de comida. El televisor es su contacto con la realidad. De las rejillas de la habitación se emite un gas que lo duerme y alguien lo “manipula”. La falta de respuestas convierte a este hombre en un demente. Se prepara para la venganza cuando pueda escaparse. Pero inesperadamente es liberado. Quince años han pasado. Aparece en la terraza de un edificio y a partir de ese momento debe conseguir a quien le hizo esto. En plena misión, se enamora de una hermosa mujer quien le acompañará hasta el final.

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Para quienes han visto Oldboy, dicho resumen parecerá corto porque deja por fuera la mayor parte de la descripción de la trama. Pero ¿cómo puedo explicar lo que con palabras no puede explicarse? Oldboy resume de manera poética el viaje horrible para descubrir la verdad. Y es que lo que sucede en Oldboy nos obliga rotundamente a olvidar todo lo que ya sabemos sobre los personajes principales y nos permite juzgarlos desde otro punto de vista. Es un objetivo logrado como nunca se ha logrado antes. Con un twist esencial, la historia cambia y humaniza a quien no debe ser humanizado y convierte en un completo monstruo a quien hemos admirado (y hemos aprendido a adorar) durante toda la película. El síndrome de la víctima que se ha convertido en el agresor porque el fin justificó los medios se aplica en Oh Dae-Su, y al final sufre en una de las tragedias más simbólicas que hemos visto en la gran pantalla.

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Es imposible dejar de pensar, de evaluar si lo que este hombre hace en su proceso de búsqueda es proporcional al daño emocional que sufre durante su encierro. La presencia de la contraparte femenina que a la misma se convierte en la víctima de la prisión mental de este hombre ayuda a entender la empatía que sentimos porque también queremos que la verdad sea encontrada. El escritor de la película  se enfoca en el desvío necesario para impactar al final. Al perfilar al “héroe” como un hombre que supuestamente está haciendo lo correcto para vengarse, nos olvidamos que detrás de toda acción perversa, puede haber algo peor. El enemigo nunca deja de pensar. Nunca perdona. Y no hay nada que sea peor que lo que le ocurre a Oh Dae-Su en la revelación final. Puedo jurarlo.

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Se debe resaltar el ambiente simbiótico de la película. En todo momento se mantiene el espíritu de thriller pero siempre visto desde un lente surrealista y hasta gracioso en ocasiones. Nunca el director nos deja tomar en serio el nivel de violencia que acá se gradúa y va en forma decreciente hasta entender el por qué de todo. Este compendio de altibajos es crucial para entender el verdadero significado de la película. Si creen que una película como esta no puede tener un fondo metafórico por su contenido aparentemente superficial, esta será la excepción.

Park Chan-wook es un as detrás de la cámara, y filma secuencias espectaculares que ayudan a mantenernos en todo de una película bastante larga si tomamos en cuenta su trama monocromática. Particularmente hay dos escenas que nos preparan para el tornado que la película conforma (la famosa escena del pasillo y la del pulpo), y una que hace alusión al posible cierre del ciclo (la escena de la nieve). El director nunca deja que la puesta en escena se asemeje a un patrón de la típica película de venganza.

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Oldboy es el perfecto ejemplo de la carga emocional que el cine asiático siempre ha sabido mostrarnos. Con pocos personajes lógicos, con una trama “justificada”, y un ambiente tan violento como real, el director responde cualquier pregunta que se genere queriendo cuestionar su necesidad de contarnos una historia difícil de contar. Lo que ocurre en Oldboy no es realista. Afortunadamente no existen casos de la vida real. Pero insisto. La venganza pendiente está en todos nosotros. Es por esto que de alguna manera queremos que Oh Dae-Su gane, aún con la violencia que lleva a cabo su proceso de entendimiento. La tragedia embebida en la victoria es hermosa en ejecución y horrible en concepto. El shock inevitable convierte a Oldboy en una experiencia inigualable del cine.

Un trailer

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