Crítica cine: High-Rise (2015)

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En un futuro distópico, un científico se muda a un edificio nuevo donde la diferencia de los pisos simula los estratos sociales.

Dirigida por: Ben Wheatley.

Protagonizada por: Tom Hiddleston, Jeremy Irons, Sienna Miller, Luke Evans, Elizabeth Moss, James Purefoy, Keeley Hawes, Augustus Prew, Peter Ferdinando, Reece Shearsmith, Sienna Guillory, Dan Renton Skinner, Enzo Cilenti, Stacy Martin, Louis Suc, Bill Paterson, Toby Williams.

País: Reino Unido.

Género: Thriller.

Duración: 119 minutos.

Es difícil de creer pero hoy en día las diferencias sociales se notan más que nunca. El desarrollo que hemos tenido como sociedad ha sufrido un choque que ha generado una reacción negativa y en retroceso. Lo más extraño es que nadie parece entender la razón de este proceso de involución. La tolerancia ha sido un factor que ha ido disminuyendo y cada día apuntamos más a la desigualdad. Si bien, el último año ha sido el año más marcado en cuando a intolerancia social, el rasgo económico de las diferentes clases ha estado presente siempre desde que se pusieron de moda los distintos modelos económicos globales. High-rise es una película que cuenta una historia basándose en la diferencia de estos modelos considerando una comunidad socialmente dividida. Por más inexplicable que sea su trama, nunca las diferencias habían sido tan literales. Es acá donde debo remarcar mi percepción de High-rise: una absurda interpretación del proceso involutivo del ser humano que ha crecido en la era industrial.

Un científico se ha mudado a un edificio que promete mucho. En este edificio existe todo. Supermercados, gimnasios, y hasta áreas de recreación. En cada piso viven personas de diferente importancia; en los pisos más cercanos al suelo vive la clase trabajadora y socialmente corrompida y en los más altos viven los jefes, el arquitecto de todo y los económicamente resueltos. Cuando una fiesta de la clase alta es interrumpida por los “pobres”, se origina el desastre. El científico entra en el escenario como un organismo imparcial y observa todo. Cuando las cosas empiezan a salirse de control, tendrá que determinar si se une a la batalla o solo intenta sobrevivir.

Cualquiera pudiera haber disfrutado más High-rise si el tratamiento hubiese sido diferente, pero no creo que la intención era lograr que el espectador disfrutara semejante historia. Ben Wheatley dirige de forma magistral una adaptación difícil de mostrar. Pero el director tampoco hace lo que los espectadores esperarían de una película como esta. Sin una corriente dramática principal y sin personajes que generen empatía, High-rise funciona más como un ensayo de moralejas sociales e indirectas a quienes podrían ser afectados por su ubicación en una pirámide de estratos sociales. Sin apuntar a un objetivo, el director solamente se enfoca en demostrar las consecuencias en un mundo distópico pero que no se diferencia mucho del real y actual. Lo que ocurre en High-rise es teóricamente posible y hasta podría decir que hoy es emulado por la sociedad. Tenemos urbanizaciones cerradas y extremadamente vigiladas donde viven familias millonarias y estos sitios son directamente adyacentes a calles donde la gente toma agua del suelo y comen solo una vez al día.High-rise muestra lo que ocurre si ambos círculos se mezclan por naturaleza invasiva e intencional. No hay respuestas en High-rise. No hay ningún tipo de historia con quien podamos identificar. Solo hay hechos que muestran lo peor de nosotros al ser catalogados.

Basada en una novela de J.G. Ballard, High-rise está realizada por uno de los mejores directores de la actualidad a la hora de seleccionar historias para filmar. Wheatley imprime el sello que lo caracteriza pero al mismo tiempo respeta absolutamente el escenario que imaginó Ballard desde que escribió esta versión de la sociedad futurista, ambientada en una cúpula típica de los 70, como si el tiempo se hubiese detenido en aquella época de vicios. Pero Wheatley utiliza esto a su favor e imprime más personalidad en su obra. High-rise parece una pesadilla de un arquitecto que ha leído demasiados libros sobre filosofía y revoluciones sociales. Ahora piensen si han visto alguna vez algo así.

Calificación: ***

Un trailer

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