Crítica cine: Locke (2013)

Un exitoso empresario de construcción recibe una llamada que le cambiará la vida la noche antes del día más crucial en su carrera.

Dirigida por: Steven Knight.

Protagonizada por: Tom Hardy, Olivia Colman, Ruth Wilson, Andrew Scott, Ben Daniels, Tom Holland,Bill Milner.

País: Estados Unidos, Reino Unido.

Género: Drama.

Duración: 84 minutos.

En una afirmación irónica, creo que el cine es un medio audiovisual que te incita a imaginar aquello que no ves. Si bien se trata de imágenes y sonidos que te ayudan a identificar una situación y te ubican en un espacio y tiempo determinado, hay mucho de lo que ocurre que no está en pantalla. Lograr que esto sea efectivo es un reto para cualquier cineasta, quien con recursos limitados se dedica a hacer una película con un filtro en el frente que no te permite ver todo lo que acontece. Es un reto que pocas veces vemos en la gran pantalla y muy pocas veces tiene buenos resultados. Hay miedo a este método y lo entiendo.

Tomando en cuenta esto, Locke es un cumplimiento positivo de un desafío. Una historia compleja que se digiere fácil porque quien la crea, sabe cómo manipular al espectador para que se meta en una trama difícil. No hablo de un resultado perfecto. Hablo de un filme que logra mucho más de lo que se propone por el correcto uso de su premisa.

Al salir de la oficina, un hombre se sube a un auto y empieza a manejar. Se está trasladando a un sitio donde no desea estar: una aventura reciente terminó en un embarazo no deseado y este hombre decide afrontar la aceptación de su nuevo hijo. Decide enfrentarse a su familia contándola verdad sobre su destino. Pero este no es su único problema. Al día siguiente deberá afrontar la tarea más importante de su carrera. No debería distraerse. Pero esta inundación lo desequilibra. Manejando y hablando por teléfono, se enfrenta a la noche más determinante de su vida.

La única e irreverente Locke no sufre en ningún momento de un encasillamiento y por suerte no obedece a lo que imaginamos que puede pasar. Esta no es una película sobre alguien saliéndose de un problema mediante la inteligencia que podría suponer un súper héroe. Esta es una película sobre las emociones generadas y cómo las enfrenta un hombre completamente promedio. Además de todo aquello que le acongoja, el pasado con su padre lo domina por completo. La “discusión” con ese pasado se lleva a cabo de una forma imaginativa para el espectador y para el personaje. Solo podemos suponer que aquello que le llevó a ser un padre de familia exitoso es producto de la omisión de su pasado problemático. Pero la soledad en la que se encuentra nos indica que simplemente huye cada día. Cada día decide dejar atrás un pasado que quizás está más cerca de lo que cree (como en el asiento trasero).

Locke nos permite imaginar de forma correcta porque es una película sencilla que nos entrega la información precisa por medio de una caracterización excepcional en manos de Tom Hardy, un guion lineal pero no monótono y el olvido de los estereotipos que podríamos indagar con la trama. Locke es intensa no porque sea inesperada. Es intensa porque apuesta a la identificación de una situación normal en la que se encuentra un personaje normal que sencillamente tiene problemas. Todos nos hemos encontrado en algún momento manejando y tratando de solucionar problemas, ya sea hablando por teléfono o planificando una posible solución. Es por esto que aceptamos Locke con su propuesta extraña de resolución de conflicto.

Calificación: ***

Un trailer

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