Crítica cine: Into the Dark: I’m Just F*cking with You (2019)

Un joven que se encuentra de viaje se detiene en un motel para esperar a su hermana, y el encargado es alguien con un sentido del humor muy extraño.

Dirigida por: Adam Mason.

Protagonizada por: Hayes MacArthur, Keir O’Donnell, Jessica McNamee, John Marshall Jones, Eileen Gonzales.

País: Estados Unidos.

Género: Horror, thriller.

Duración: 81 minutos.

A veces cuesta bastante que el público en general entienda que en una película, un director no lo es todo. Si bien se trata de un maestro de orquesta que todo lo ve y lo manipula para imprimir la visión buscada, hay ocasiones en la que la importancia es desviada de un punto que quizás valga más la pena. HULU con su antología de películas hechas para televisión Into the Dark ha otorgado una voz a quienes merecen mucho más que la ocasional oportunidad de parte de un estudio independiente. En cualidad de directores, uno de los pocos que ha repetido en la silla de la serie, es Adam Mason. Con They Come Knocking, nos dejaba perplejos ante un desastre en forma de película que se rebuscaba para apestar más al paso de cada minuto. Y luego viene I’m Just F*cking with You, una suerte de comedia negra que revaloriza el formato, y confirma que a veces un escritor puede cambiarlo todo. Inclusive cuando el director ha tenido traspiés anteriores.

Es sencillo lo que ocurre en I’m Just F*cking with You y no hay demasiado por analizar. Un hombre claramente resentido por una boda que está a punto de ocurrir y a la que va a asistir, decide parar en un motel para esperar a su hermana y partir juntos a la celebración. El encargado de este motel es un hombre a quien le gusta bromear. Esas bromas pueden ser pesadas. Y todo se torna misterioso cuando la hermana de Larry no contesta el teléfono y empiezan a reportar accidentes viales. El único apoyo que tiene Larry es Chester, quién está encargándose del motel y de entretener a Larry. En esta noche siniestra todo parece ser movimientos de un juego que Chester ha preparado.

No había razones para disfrutar tanto I’m Just F*cking with You y sin embargo, no dudé en celebrar lo que parecía una cínica interpretación del aislamiento y la represión emocional. En un formato que no suele abordar este tipo de conflictos, I’m Just F*cking with You termina por proyectar un personaje de matices variados y explosivos cambios como un posible villano. Pero lo interesante es que nunca hay una confirmación. Esta es la película extraña de la cual puedes hablar un buen rato dado que no sigue una estructura común. A pesar de una aterradora premisa, hay más comedia que violencia en esta satírica noche de giros, jugadas maestras y muchas risas. Chester es adorable, y tan gracioso que mucho podríamos dialogar sobre su posición de villano o antihéroe. Es un hermoso contraste de personajes que se balancean entre lo moral y lo primitivo. Eso no quiere decir que I’m Just F*cking with You contenga material apropiado para todo el mundo. Les aseguro de que al final, el pavor se hace sentir.

No sé si sea mérito de un Mason renovado o de escritores que se salen del camino habitual, pero acá se confirma que Into the Dark contiene un catálogo interesante y puede que sea material para todo tipo de público. Creo que se aloja un futuro interesante para las series de género si Blumhouse sigue proyectando con seriedad el horizonte del horror en la televisión. Con I’m Just F*cking with You se ganan mi atención y respeto en manos de una hora y media.

Calificación: ***1/2

 

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