Crítica cine: The Art of Self-Defense (2019)

Después de ser asaltado en la calle, un ejecutivo debilucho empieza a tomar clases de karate y se lo toma muy en serio.

Dirigida por: Riley Stearns.

Protagonizada por: Jesse Eisenberg, Alessandro Nivola, Imogen Poots, Steve Terada, Phillip Andre Botello, Apollo Bacala, Hauke Bahr, Jason Burkey, Justin Eaton, Dallas Edwards, Will Ellis Jr., Josh Fadem, John French.

País: Estados Unidos.

Género: Drama, comedia.

Duración: 104 minutos.

Nos cuesta como espectadores reconocer el lado trágico que frecuentemente viene enlazado de forma natural a la comedia. Como la pintura del payaso que llora, cada muestra de gracia puede traer consigo un espectro de desgracia. Lo interesante es que esto puede ser mucho más efectivo de lo que parece, si tan solo podemos abrir la mente a una sensación agridulce pero inevitablemente aguda y pasional. Todos los días somos víctimas de comedias sin sustancia, y de aquellas con un insight más poderoso sufrimos escasez.

Pero al mismo tiempo, reconozco cuán difícil puede ser esa transición entre la risa y la lágrima. No muchos cineastas pueden lograrlo de manera natural y eficaz. Y pocos se atreven. Por suerte, existen actores como Jesse Eisenberg con sus millones de mañas y estereotipos, y un director como Riley Stearns que toma un evento aleatorio y lo convierte en una épica mudanza de piel. De un fracasado pasamos a algo mucho más siniestro. Eso es The Art of Self-Defense.

En este cuento oscuro de personalidad intensa, conocemos a Casey, un joven ejecutivo que sufre de sí mismo. En su trabajo lo aborrecen, sueña con un viaje a Francia y solo se conforma con aprender francés, y su perro ni siquiera se emociona cuando él llega a casa. Casey es una aguja en un pajar. Pero una noche cuando Casey está caminando es atacado por motociclistas vestidos de negro. Es abatido hasta el cansancio. Como recurso inmediato, Casey decide comprar una pistola, y cinco minutos después consigue un sitio donde puede aprende karate. Esto si tan solo se adapta a las reglas de un lugar que parece ser la solución a sus problemas.

No se confundan. Esta no es la típica película del underdog que renace por un deporte en el que parece ser bueno. Tampoco es la herramienta para que Casey cambie de ser un fracasado a ser un ganador. The Art of Self-Defense es una expresa caminata en descenso hacia lo peor de la verdad y las coincidencias. Justo cuando Casey parece estar venciendo al peso de ser un debilucho, la película gira para revelar que la salvación de Casey quizás no está en el aprender, sino en abrir los ojos a una horrible circunstancia. Los últimos diez minutos de la película son densos y tan variantes que parece que ya empezó otra película. El encuentro de Casey con su destino final lo empodera para actuar de la forma natural. Casey se acepta a sí mismo y decide ir en contra de todo lo que los posters afirman y las reglas indican.

Dénse la oportunidad de disfrutar al Eisenberg de siempre. Sí, parece el mismo rol de siempre (el flaco nervioso y lleno de dudas que habla rapidísimo), pero al menos Stearns le provee de una posible explosión de personalidad que le da justicia al conflicto que sufre. The Art of Self-Defense definitivamente no es para todo el mundo. Es una película extraña hecha para extraños. Pero esto no es algo negativo. No hay nada de malo con disfrutar de las lágrimas después de la risa. O si queremos ser más siniestros, no hay nada malo en una buena sonrisa que venga después de las lágrimas.

Calificación: ***

Un trailer

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