Crítica cine: Disobedience (2017)

Cuando su padre fallece, una mujer viaja al sitio donde creció y se enfrenta con el grupo de judíos ortodoxos al que pertenecía su padre y del que siempre huyó.

Dirigida por: Sebastián Lelio.

Protagonizada por: Rachel Weisz, Rachel McAdams, Alessandro Nivola, David Olawale Ayinde, Mark Stobbart, Cara Horgan, Sophia Brown, Lasco Atkins, Bernardo Santos, Dominic Applewhite, Omri Rose, Liza Sadovy, Dave Simon, Trevor Allan Davies, Cristian Lazar.

País: Estados Unidos, Irlanda, Reino Unido.

Género: Drama.

Duración: 114 minutos.

Uno de los puntos más importantes de Disobedience es que no recuerdo una película que haya visto antes que no haga alarde del género de las personas que protagonizan un conflicto. Esto es algo que no puedo dejar de observar en una época en la que el miedo ya sobrepasó los límites regulares. Antes las minorías eran despreciadas por una sociedad ultra conservadora que solo actuaba así porque siempre habíamos progresado de una manera y ahora se plantean otras tendencias. Estoy tratando de ser lo más general posible, pero si antes había miedo de ser atacados, ahora existe otro miedo y que recae en el otro lado de la lucha: miedo a ofender. Y siempre he sido de los que piensa que para poder avanzar, tenemos que aceptar tal cual es cada quien, sin cuestionar gustos o particularidades porque no son habituales. Disobedience es una muestra de madurez que nos propone una historia pesada sobre el quiebre de una costumbre para dar paso a lo natural. En esta dos mujeres se enamoran y sus géneros no son los determinantes para encender la llama del cuestionamiento.

O al menos así entendí yo.

En Disobedience, una fotógrafa en New York recibe un llamado de alguien que le dice que su padre ha muerto. Ella no parece estar sorprendida o dolida por el hecho, y viaja a Londres para atender el funeral de su padre. Se encuentra con el grupo al que pertenecía su padre. Un sector de judíos ortodoxos que parecen haber quedado en una cultura pasada. Se reencuentra con familiares, y gente que siempre critica el por qué se fue y no creció junto a ellos. Ella solo quiere huir. Pero también se encuentra con sus amigos de la infancia, su ex novio y su  mejor amiga quienes han decidido casarse. Ella decide quedarse con ellos y cuando ya es hora de partir, se da cuenta de que su mejor amiga está enamorada de ella. Empiezan una relación secreta de la cual no pueden liberarse con facilidad. Siempre hubo un sentimiento.

Como podrán notar, no soy el mejor para describir un resumen y mucho menos uno que implica lo fogoso de una relación súbita y pasional. Pero Disobedience es una respuesta en forma de película a lo tóxico de una cultura que reacciona ante lo distinto. Es eso lo que esconde su complejo tratamiento de los fundamentos que la religión contiene. En ella, las mujeres deben tener el pelo de una manera, y hay gente que gana dinero haciendo pelucas para que las mujeres sean aceptadas. Sin eso no pueden formar parte del séquito que solo está ahí para vivir bajo el escrutinio de hombres “sabios”. Cuando arriba una “intrusa”, el dilema se convierte en algo más personal y menos arraigado a la religión. La solución al problema viene en un tercer acto magnífico y que no podía haber culminado mejor. Y para que la intriga sirva, les puedo confirmar que no hay un final tan feliz como creen. Pero es precisamente el final que sus integrantes merecen.

Una última nota: sus protagonistas femeninas son excelentes. Pero Alessandro Nivola es una joya que necesitamos ver más en el cine.

Calificación: ***

Un trailer

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