Crítica series: Don’t F**k with Cats: Hunting an Internet Killer (2019)

Un grupo de “justicieros” tratan de encontrar a un hombre que creó un horrible video viral.

Dirigida por: Mark Lewis.

País: Estados Unidos.

Género: Documental.

Duración: Tres episodios.

Me cuesta dejar de recomendar Don’t F**k with Cats, la producción corta de Netflix sobre el extraño caso de Luka Magnotta y los videos que se hicieron virales y qué el mismo creo. Creo que este es el formato moderno para contar historias a través del género documental. Condensar todo en una película hubiese sido imposible, y por eso Netflix recurre a su formato más notable, la serie. Creo que funciona de manera perfecta y creo que es una de las mejores producciones que el servicio ha tenido. Explicar mi fascinación es difícil, pero lo intentaré y para eso utilizaré a Deanna Thompson, quien básicamente protagoniza la serie.

Mark Lewis dirige a Thompson en una escena en la que ella es expuesta al famoso video que lo inició todo. Ella no puede hacerlo. De sus ojos salen lágrimas de dolor y desprecio por quien sea que hizo esto. Su reacción es tan humana como nuestra necesidad de saber quién puede ser capaz de esto. No hay demasiado de técnica en el armado de esta escena. Esto es solo la llama que enciende la búsqueda del hombre más odiado de la Internet en el 2010. Nosotros, espectadores inocentes (en lo particular sabía sobre el caso pero como siempre, tuve intención de borrar lo que tenía en mi mente), acompañamos a Thompson y compañeros a cazar a este hombre.

Y aunque este no sea el punto más pavoroso del documental, sí podría ser el más importante. Un grupo de aficionados de las redes sociales empieza a analizar ese video en el que un hombre asesina a gatos, y empiezan a descifrar un enigma horrible y que no terminó con ese video. El asesino siguió y siguió. Y como Thompson alega en su última declaración de la serie pareciera que mucho de lo que este hombre tiene capacidad de hacer, es nuestra culpa. Lewis arma un insight sorprendente con la afirmación de que la viralización es culpa de quién lo hace viral y no precisamente de quien crea ese producto que se viraliza.

Pero Don’t F**k with Cats no es solo una colección de declaraciones de quiénes deconstruyeron el caso a través de un talento que ni ellos sabían que tenían. Así como la película plantea esto como un recurso que debería ser más importante, también el elemento de true crime hace presencia de manera temprana. En esto se centra la mayoría de los dos últimos capítulos que narran una cacería mundial que nada tenía que ver con un video sino con un asesinato horrible y una extraña forma de llamar la atención. El documental inevitablemente realiza la incómoda pregunta de si Magnotta hubiese sido capturado antes si alguien hubiese escuchado a quiénes sabían de él desde un principio. No hay necesidad de responder. Nadie lo hace. Solo ver sus reacciones finales es suficiente para saber qué esto no tenía que haber pasado.

Don’t F**k with Cats es una forma extraña de pasar un sábado viendo televisión. Se juntan diversas emociones. Hay risas, llanto, e ira. Creo que esto buscaba Lewis y creo que la televisión moderna sirve para esto. Para hacernos aterrizar con firmeza en una realidad que nos ha acostumbrado a cosas que no tienen que existir. La violencia en los medios. Lo políticamente correcto de nuestra sociedad. Y un extraño camerino detrás del show en el que la realidad parece ficción y los monstruos deambulan con demasiada libertad y accesos a Internet.

Un trailer

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