Crítica cine: Dark Waters (2019)

Un abogado que empieza a crecer en su firma se encuentra con un caso de un monstruo corporativo del cual le costará mantenerse distante.

Dirigida por: Todd Haynes.

Protagonizada por: Mark Ruffalo, Anne Hathaway, Tim Robbins, Bill Camp, Bill Pullman, Victor Garber, William Jackson Harper, Mare Winningham, Kevin Crowley, Trenton Hudson, Marc Hockl, Lyman Chen, Courtney DeCosky, Scarlett Hicks, Lea Hutton Beasmore, Denise Dal Vera, Louisa Krause, Daniel R. Hill, Chaney Morrow, Lisa DeRoberts, Brian Gallagher, John Newberg, Wynn Reichert, Tera Smith, Tyler Craig, Barry G. Bernson, Amy Morse, Jeffrey Grover, Teri Clark.

País: Estados Unidos.

Género: Drama.

Duración: 126 minutos.

El cine de activismo ecológico no tiene tanta presencia como podría. Es raro puesto que se trata de un tema importante, con muchísima información a desarrollar y con múltiples historias que podrían calzar correctamente en un largometraje. No quiero irme por la corriente conspirativa de que hay un poder mayor que está evitando esto. Pero me parece curioso que no haya más películas que retrate este tipo de luchas que lamentablemente están en un segundo plano. Dark Waters es una de esas películas que navegan por la temática mediante un conflicto que más tiene que ver con la justicia pero sí retratan un lado delicado de la causa. Esto es suficiente.

En Dark Waters, Robert Bilot es un abogado cuya carrera empieza a tomar forma tiene un contacto con el pasado. Su abuela tiene un amigo que necesita que alguien lo defienda. Bilot es parte de una firma que representa a las grandes empresas frente a dilemas que tienen que ver con lo ambiental y otros asuntos de conocimiento general. Bilot acepta al menos investigar que es lo que ocurre en ese pueblo donde vive su abuela y en donde el gigante industrial DuPont tiene una planta. Cuando el abogado empieza a descubrir una práctica ilegal y peligrosa, se da cuenta de la magnitud de una conspiración por cubrir todo lo que DuPont venía haciendo desde hacía décadas cuando se convirtieron en los pioneros del teflón. Sí, ese teflón que todos usamos en casa y que, al parecer es mucho más tóxico de lo que imaginamos. Esta es la historia de un pueblo que lamentablemente ha sido víctima de este problema por muchos años.

La película se centra por completo en su personaje principal. Es una de esas travesías que solo funcionan por la fortaleza de un solo hombre. Bilot es interpretado por Mark Ruffalo, quien es uno de esos actores que parece depender demasiado de la misma expresión, por lo que siempre confunde al espectador sin confirmar la personalidad de quien interpreta. Acá interpreta al héroe, al underdog y a la víctima de sí mismo. Un peón en la carrera que lo inspira y de la que depende. Si bien no es un rol de explosiones dramáticas siempre esperé algo más de su personaje. Inclusive cuando se encuentra en la crisis típica del subgénero de la película, tampoco vemos a un Ruffalo que pueda figurar. Su cara es la misma de cuando la película empezó. Es un personaje real, y aún así, la Academia ni siquiera lo consideró en una etapa inicial para evaluar premios a mejor actor. Raro pero cierto.

Pero por suerte el actor no determina un producto final de calibre medio pero con una carga suficientemente pesada para que el espectador entienda la importancia del conflicto. No es un “courtoom drama” pero tiene todas las características del mismo y es interesante como la película termina, confirmando que la lucha no se detiene ni tiene que detenerse. No hay una escena de catarsis melancólica de nuestro personaje principal conversando con sí mismo y viendo al horizonte. Acá hay una aparición de alguien crucial en la película. Y alguien que sentencia a Dark Waters como una de esas que pasó desapercibida pero no tenía que haber sido así. Las salas de cine están llenas de basura superflua, y en ocasiones no se le deja espacio a películas que no son perfectas pero que contienen una historia que definitivamente todos debemos conocer.

Calificación: ***

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