Artículo: Los niños y las tecnologías de pantalla

Un artículo sumamente interesante de la relación entre los chicos y la invasión de las pantallas que sufren. Hoy, en tiempos de cuarentena prácticamente mandatoria a nivel mundial, esto es más relevante que nunca.

Artículo original de Jaime Furzán M.D.:

Los niños del siglo XXI se han convertido en ávidos consumidores de tecnología de pantalla, llámense celulares, tabletas, computadoras o video juegos. Hoy en día, es usual que el niño invierta muchas horas en esta actividad, ya sea en la computadora de la escuela, en el celular para el contacto con amigos, en la tableta para las tareas en la tarde y en la noche frente a la televisión. Las horas en que un niño se queda solo, sin la compañía de los padres, han hecho que estos equipos se conviertan prácticamente en una niñera electrónica.

En realidad, un niño necesita conexión con la mirada, con el contacto físico y con el vínculo afectivo de sus familiares, no con un objeto para entretenerlos. El empleo profuso de las pantallas ha conducido a una atención creciente sobre el impacto de dicha tecnología sobre el cerebro del niño, y sus posibles consecuencias sobre el desarrollo psicoemocional y cognitivo. Aunque la investigación sobre esta relación aún no genera datos consistentes, en muchos países hay una clara tendencia a establecer normas algo restrictivas en cuanto a su libre uso. La Academia Americana de Pediatría ha propuesto el evitar las pantallas antes de los 19 meses (excepto para video llamadas de familiares), y el límite de una hora por día hasta los 5 años de edad. Esta restricción en cuanto al tiempo de exposición no toma en cuenta la calidad de lo que el niño ve, que aunque breve puede también tener una influencia negativa. A este respecto, es deseable que al menos para el niño preadolescente toda tecnología de este tipo esté en un ámbito común a la familia. Para el adolescente esto no es posible dado que la consolidación de su identidad precisa de su privacidad.

Los adolescentes son los principales consumidores de esta tecnología. Aproximadamente el 95% de ellos tiene acceso a internet en los países desarrollados. En un típico día de semana, un adolescente pasa casi 3 horas online después de la escuela, e incluso este tiempo puede aumentar considerablemente durante los fines de semana. El uso de estos equipos también se ha incrementado en niños más jóvenes. Hoy en día, los preescolares se familiarizan con equipos digitales mucho antes de ser expuestos a un libro. Algunos de los niños muy adictivos a la tecnología duermen un tiempo insuficiente, hablan menos, son poco comunicativos, más irascibles y juegan poco. En realidad no se sabe si esto tiene relación con una excesiva exposición a las pantallas. ¿Algunos problemas emocionales y conductuales hacen que el niño invierta mucho tiempo ante ellas, o es esta excesiva exposición la causa de estos comportamientos?

Las consecuencias adversas de las tecnologías de pantalla sobre el niño están relacionadas con su plasticidad cerebral, término que indica la capacidad que tiene la estructura cerebral de modificarse con el aprendizaje y las experiencias. Durante los primeros 4 años de la vida se crean millones de conexiones cerebrales esenciales para el lenguaje, la audición y el conocimiento. El principal estímulo para el aprendizaje a esta edad es el juego, actividad en la que actualmente se pasa cada vez menos tiempo. Durante el uso de la pantalla el niño puede ser inapropiadamente expuesto a lo que se podría llamar una violencia invisible. Los adultos son capaces de generar contenidos cognitivos de lo expuesto a través del pensamiento abstracto. Un niño no lo posee, y por su pasividad e incapacidad de metabolizar lo que está viendo, no es capaz de incorporar información que luego derive en un aprendizaje “filtrado”.

Hay una probable asociación causal entre el uso desmedido de las pantallas con la privación del sueño. En la noche, a raíz de la disminución del cortisol y la secreción de la melatonina (la hormona del sueño), el organismo se prepara para dormir. Los fotorreceptores del cuerpo que son estimulados por la luz azul de las pantallas interrumpen este proceso circadiano de preámbulo al sueño, y el niño puede permanecer insomne, más aún si lo que está viendo en la pantalla le genera ansiedad.

Un efecto negativo adicional puede ser el riesgo mayor de obesidad y problemas postulares por el uso adictivo de los dispositivos. Un niño que no juega con otros niños, que no hace deporte al aire libre y que pasa todo su tiempo de ocio encerrado en casa y jugando con la pantalla, ciertamente está más propenso al sedentarismo y anomalías cervicales desde su infancia.

No se debe pretender el aislar al niño del uso de las pantallas. En los tiempos actuales, casi todos sus amigos y familiares las usan en mayor o menor grado. Es indudable que, aparte de todos los riesgos antes mencionados, esta tecnología provee un acceso inmediato a la comunicación, a la información y al entretenimiento. De hecho, los padres pueden controlar el contenido de lo visto en una tableta, pero no de la televisión. La decisión básica estriba en el control que los padres deben ejercer en cuanto al tiempo diario de su uso y a la calidad de lo que le está siendo exhibido al niño. ¿Somos padres buenos o buenos padres? Muchos padres temen decir que no ante situaciones que requieren disciplina y control por miedo a perder el amor de sus hijos. Está claro que se deben establecer límites, como en cualquier otra actividad. En este sentido, no se negocia; hacerlo pone al niño a la altura del adulto, y genera aún mayor conflicto.

La duración del empleo de las pantallas es quizás menos relevante que el sopesar cómo se usan los dispositivos, a qué horas del día o la noche se emplean y cómo interactúa lo que el niño está viendo con su capacidad de interpretar su contenido. Una guía básica en cuanto a límite de tiempo puede ser evitar el uso de pantallas antes de los 2 años; entre 2 y 5 años, permitir una hora al día; entre 7 y 12 años, una hora con un adulto supervisor; entre 12 y 16 años, dos horas y cierto control con las redes sociales. Los celulares y tabletas no deben ser permitidos poco antes de la hora de dormir, en el momento de las comidas, ni mientras se hace la tarea escolar.

*Imagen proveniente de un artículo de Leslie Ann Jones.

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