Crítica cine: 8mm (1999)

Un investigador privado es contratado para buscar la verdad detrás de un aparente video “snuff”.

Dirigida por: Joel Schumacher.

Protagonizada por: Nicolas Cage, Joaquin Phoenix, James Gandolfini, Peter Stormare, Anthony Heald, Chris Bauer, Catherine Keener, Myra Carter, Amy Morton, Jenny Powell, Norman Reedus, Jack Betts, Don Creech.

País: Estados Unidos, Alemania.

Género: Thriller.

Duración: 116 minutos.

Por más complejo e importante que sea el propósito del personaje principal de 8mm, y por más interesante que sea el tema que se expone, es imposible conectar con el conflicto de la película, sobre todo cuando arranca la fase de desarrollo. Lo mismo ocurrió hace décadas, cuando 8mm se perfilaba a ser la respuesta de Hollywood a lo que Tesis de Alejandro Amenábar, se había atrevido a tocar con su guiño a la violencia en la máquina de hacer película en California. Con un guion de Andrew Kevin Walker, quien ya había sorprendido en el género con Se7en, la apuesta era prácticamente segura. Pero una pobre ejecución de su director, una actuación desmedida de un Nicolas Cage que ya iniciaba su descenso, y un explosivo tratamiento discordante de su tema, 8mm fue destruida por la crítica. Algunos pocos vieron algo más en su temática (entre ellos Roger Ebert), pero la mayoría no entendía el valor de la propuesta. Hoy 8mm tampoco resalta demasiado en su género. Lamentable. Una oportunidad perdida ayer, hoy y siempre.

Su inicio plantea algo definitivamente misterioso. Un investigador privado es contratado por una anciana millonaria para que encuentre la verdad de un video que ha encontrado luego del fallecimiento de su esposo. En dicho video se detalla la tortura y asesinato de una joven. Ella necesita saber si es algo real o un efecto muy bien logrado. Para ello este investigador debe viajar a niveles oscuros del entretenimiento. Un paseo horrible a sótanos en los que se trafica material ilegal. Acompañado por un joven encargado de una tienda de videos pornográficos en Los Angeles, nuestro desesperado protagonista logra el contacto con la banda que hace estos videos, una que hará lo necesario para mantener la verdad oculta.

Lo peor de 8mm es la inevitable conclusión de que algo mejor se pudo haber hecho. Una edición desastrosa, con una exagerada actuación de Cage, no logran que el espectador sienta el peligro de lo desconocido. Parece un capítulo corto de una serie sobre crímenes, de esas que siempre terminan bien. Joel Schumacher en su rol de director logra que nos ubiquemos en esos oscuros rincones de la industria pornográfica y nos sintamos parte de una causa que desea hacer el bien. Pero el director no reconoce el poder de su tema. Prefiere enfocarse en secuencias interminables de héroes y villanos discutiendo lo que cada uno va a hacer. Particularmente esa escena del depósito en el que se va a grabar un video es un insulto al buen gusto. En 8mm no hay un sentido lógico de ubicación en espacio y tiempo. Parece una colección de escenas bien grabadas que un editor debía armar como un rompecabezas para llegar a un punto final que se siente demasiado ridículo, considerando el conflicto que todo lo inició. ¿Por qué esto se convierte en la historia de un investigador privado? Es inevitable preguntarse en qué momento cambia el enfoque de la “víctima”, una que claramente no conectó nunca con el espectador.

Pensé que años después se podía cambiar algo en mi percepción del thriller que hace años me había parecido indiferente. Pero no es así. 8mm sigue siendo una pobre excusa de película que por alguna razón había sido olvidada y se mantenía como una mancha mínima en la carrera de sus actores principales.

Calificación: *1/2

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