Crítica cine: Apollo 11 (2019)

Sorprendente e inmersivo viaje por lo que fue la misión espacial más importante de la historia.

Dirigida por: Todd Douglas Miller.

País: Estados Unidos.

Genero: Documental.

Duración: 93 minutos.

Sin apuntar a un género en específico (porque el que referimos en esta ocasión se lleva la ventaja), pocas veces el cine demuestra una atención al detalle y a nuestra historia de forma explícita y radiante. No estamos acostumbrados a travesías hacia el pasado que nos permitan experimentar momentos que algunos no vivimos, pero que con la información suficiente se sienten como hitos de sello permanente. A veces, como audiencia tenemos que ubicarnos para disfrutar, tenemos que sentarnos dispuestos a ver algo que ya pasó y que no se recrea. Es una versión de alguien que decidió armar ese complejo viaje al pasado que quizás tiene más secretos que declaraciones, y del cual existen múltiples versiones que alimentan al monstruo de la especulación con la que todo se tergiversa y la realidad absoluta se va perdiendo con el paso de los años.

Y Apollo 11 inicia como eso. Como una herramienta para informar. Al principio las imágenes son abrumadoras, invasivas, y nos quedamos sin palabras. Parece irreal que algo así haya sido grabado y no lo hayamos visto antes. Y luego la película se convierte en la precisa razón por la cual esperamos para esto. Digitalizada de principio a fin, y manipulada para servir el propósito de una experiencia cinematográfica (si pueden verla en el cine, por favor háganlo), Apollo 11 es una construcción de un momento insigne de nuestra historia. Ese día que como especie llegamos a otro planeta y pisamos una tierra desconocida. Esta es la película con la que aprendemos que detrás de Armstrong, Aldrin y Collins, hubo un equipo de científicos que se jugaron la vida enfrentándose a una teoría puesta en práctica. Apollo 11 nos transporta al mar de tensión que todos vivieron y pudieron superar. Hacer una película de esta índole requiere sensibilidad por parte de quién ensambla centenares de minutos de película y condensa todo en 93 minutos de puro cine, un recurso espectacular para que todos viajemos con los astronautas al espacio. Apollo 11 es una gran prueba de que los fancy shots (son planos físicamente hermosos, que suelen ser “imposibles” de filmar) a veces no son necesarios

No tenía idea de cuánto metraje había sobre esta misión, y supongo que fue ingenuo de mi parte imaginar que en ese momento no todo estaba documentado. Pero la realidad es que Apollo 11 no solo es una colección de escenas bien montadas. Y no es solo una prueba del avance tecnológico de nuestra era. Es un trabajo de orden intencional que permite estar ahí, sintiendo el suspenso de enfrentarse a lo desconocido aunque fuera a miles de kilómetros de distancia. Siempre supuse que quienes quedaron en la Tierra viendo hacia arriba estaban pendientes, pero Apollo 11 resalta la importancia del reconocimiento a los héroes que protagonizaron esa misión. Hoy no hubiese sido igual, y Apollo 11 sirve como un ejemplo de cuánto nos hemos desconectado de lo sencillo, de lo humano de la curiosidad y de cómo nos hemos olvidado del inicio de una cultura que hasta hoy reina en cine y en la realidad: la necesidad de saber qué hay más allá de las estrellas.

Esta es una obra de arte sobre nosotros mismos y la necesidad de documentar cada paso que damos hacia el futuro. Y eso es otra de las cosas que hemos parecido olvidar en los últimos tiempos. La sensibilidad de documentar lo importante y aquello que los que vienen podrán ver cómo el pasado en el que todo valió la pena.

Calificación: ****

Un trailer

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