Crítica cine: Bad Education (2019)

La historia real del superintendente escolar que protagonizó el robo más importante del sistema del que formaba parte.

Dirigida por: Cory Finley.

Protagonizada por: Hugh Jackman, Allison Janney, Geraldine Viswanathan, Alex Wolff, Kathrine Narducci, Rafael Casal, Jimmy Tatro, Ray Romano, Kayli Carter, Annaleigh Ashford, Pat Healy, Stephanie Kurtzuba, Ray Abruzzo, Stephen Spinella, Catherine Curtin, Doris McCarthy, Finnerty Steeves, John Scurti, Jeremy Shamos, Hari Dhillon, Welker White, Lauren Yaffe, Kristoffe Brodeur, Peter Appel, Giuseppe Ardizzone, Victor Verhaeghe, Miriam Silverman, Hannah Kelsy, Kevin D. McGee, Gino Cafarelli.

País: Estados Unidos.

Género: Drama, comedia.

Duración: 108 minutos.

En una película sobre un crimen, el mismo no debería ser minimizado por la importancia de sus personajes. Debería ser al contrario. Un personaje debería cargarse con el peso de forma proporcional al castigo que debería recibir. Por esto Bad Education inicia con una punzante propuesta sobre un personaje principal que termina siendo denigrado. Pero ni siquiera como audiencia nos sentimos motivados a analizar lo que lo convierte en un paria después de todo lo que se construyó sobre el mismo. Bad Education inicia como un showcase bastante interesante de Hugh Jackman pero termina siendo una genérica adaptación de un hecho real que seguramente fue más explosivo que esto. Aún así no deja de ser tan tenebroso como parece este recuento sobre un crimen inesperado pero horrible.

Frank Tassone es un “ejemplar” intendente de un distrito escolar. Ni siquiera es el director de la escuela en la que trabaja. Su visión es más amplia, su poder es inevitable. Pasa sus días entre la rutina de la búsqueda de perfección física, una dieta que parece una tortura, y el compañerismo tóxico pero necesario con su asistente. La preocupación de ambos es prácticamente inexistente hasta que una estudiante empieza a averiguar demasiado sobre una construcción de una obra en el distrito escolar. Una conversación incómoda dispara una serie de auditorias e investigaciones que dejan al descubierto todo lo que la asistente de Tassone hizo con el dinero del sistema escolar. El mismo Tassone parece estar convencido de que ella no debería ser “víctima” de la desconfianza. Pero Bad Education va un poco más allá de la comedia y nos permite ver detrás del escenario que mostraba a un hombre inmaculado con demasiadas “fallas”. La historia que Bad Education cuenta es una de esas demasiado increíbles para ser consideradas en serio.

Bad Education funciona si tan solo crees en la historia detrás de un tercer acto apurado, y con muy pocas explicaciones. Es el problema de una película cuyo género varía con un supuesto cierre intencional que esconde justicia. Cuando la película decide establecer ese tono necesario para que el espectador se crea esta “broma”, y pasa de ser una comedia disparatada a ser un true crime fiel, se pierde algo de fortaleza en lo que se plantea como “castigo” para su personaje principal. Es raro como Allison Janney, en ese papel esencial para desviar el olfato de quiénes sospechan de Tassone, desaparece sin dejar rastro.

Pero insisto. Bad Education es una película que no se siente incompleta. Es un vistazo ligero a lo que probablemente tuvo más subtramas y mucho más efecto sobre la comunidad retratada. La declaración de Jackman como estrella es necesaria para que la película tenga éxito. Y creo que es un actor magnífico a la hora de interpretar personajes que terminan siendo distintos a lo que pensamos. Si nunca perdemos de vista la historia, y el peso de la misma sobre ese hombre carismático puede que Bad Education tenga un efecto muchísimo más positivo. Una película no debería depender del espectador. Pero a veces queremos dar más. Es la importancia de un hecho interesante, y decentemente adaptado.

Calificación: **1/2

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