Crítica cine: Belzebuth (2018)

Un cuerpo de policías e investigadores empiezan a notar un extraño patrón en ataques terroristas y todo apunta a la presencia de algo demoníaco.

Dirigida por: Emilio Portes.

Protagonizada por: Joaquín Cosío, Tobin Bell, Giovanna Zacarías, Tate Ellington, Yunuen Pardo, José Sefami, Aída López, Enoc Leaño, Felipe Tututi, Norma Angélica, Mercedes Hernández, Liam Villa, Damaris Rubio.

País: México.

Género: Horror.

Duración: 115 minutos.

Si hay algo más aterrador que una película de horror bien hecha, es la realidad que vivimos en el día a día y que nos somete a hechos más terroríficos que los que cualquier cineasta o guionista pueden imaginar. Pero hay películas de horror que se alimentan de esos hechos como parásitos dominantes que necesitan combustible para un fuego que ya existe. Y así empieza Belzebuth, con un terrible aterrizaje a la realidad, y no se trata de un hecho que ocurrió. Se trata de lo posible. Se trata de lo tangible de un planteamiento y cuán manipulador puede ser para que una película sea efectiva en un primer acto. Solo en ese primer acto funciona.

Luego Belzebuth se convierte en una enredada película sobre el conflicto entre el bien y el mal, los demonios que siempre parecen tener la capacidad de ganar la batalla, y la incredulidad de las potenciales víctimas. Lo que más molesta de Belzebuth es que contiene múltiples chances de ser mejor y no aprovecha ninguna. Prefiere limitarse a ser una exposición de pésimos efectos especiales y una iteración más en el cine de posesiones. No había necesidad de esto.

La película empieza con eso que indiqué antes. Un ataque horrible en un hospital, y específicamente en la unidad donde mantienen a los recién nacidos. Saltamos a años después y un policía cuyo hijo falleció en el ataque previo debe investigar un sospechoso caso de terrorismo en una escuela. Todo empieza a girar en torno a lo maligno cuando ocurren dos ataques más con objetivos claros: los niños deben ser exterminados en este pueblo mexicano. Empiezan a sospechar de un hombre misterioso que todos han visto rondar cerca de los sitios donde ocurrió todo. Junto al policía, un agente especialista en lo paranormal empieza a notar ciertos detalles que asocian a los hechos con acontecimientos que tienen que ver con lo religioso. La verdad detrás de estos terribles ataques está en una conspirativa caza por un niño más importante de lo que todos creen.

La falla en Belzebuth está en cómo no logra sostener el conflicto que se plantea desde un inicio y prefiere girar todo en torno a una base religiosa poco lógica. Esto todo se presenta durante una escena en un sitio espeluznante. Uno de esos que no se olvidan fácilmente. Cuando la película prefiere tomar este camino se cae estrepitosamente. Su fuerte elemento de realidad se menosprecia por incluir elementos del género que se sienten disparejos. Al terminar Belzebuth genera más preguntas que respuestas. Y con un final medianamente abierto, poco se puede discutir sobre lo que ocurrió. Un twist final inesperado tampoco gana importancia porque cuando se revela, simplemente es demasiado tarde.

Belzebuth podría ser atractiva para algunos. Tiene un valor de producción alto y exceptuando esa escena con la “criatura”, se nota un gran cuidado al detalle. Está muy bien filmada, casi ejecutada con belleza en algunas ocasiones. Solo por esto se aguanta hasta el final, y cuando ruedan los créditos los primero que hice fue averiguar quién estaba detrás de la cinematografía (un mexicano con bastante experiencia en el área llamado Ramón Orozco). No es algo que suelo hacer con cine de horror pero esta vez tenía que hacerlo. A veces en esos detalles se esconde una película que vale la pena soportar.

Calificación: **

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