Crítica cine: Chillerama (2011)

Una antología de cuentos de horror que hacen homenaje al cine B. Un espectacular despliegue de creatividad hecho de la manera odiada.

Dirigida por: Adam Rifkin, Tim Sullivan, Adam Green, Joe Lynch.

Protagonizada por: Adam Rifkin, Sarah Mutch, Owen Benjamin, Ray Wise, Eric Roberts, Miles Dougal, Lin Shaye, Sean Paul Lockhart, Anton Troy, Gabby West, Adam Robitel, Lin Shaye, Ron Jeremy, Tim Sullivan, Joel David Moore, Kristina Klebe, Kane Hodder, Jim Ward, Richard Riehle, Corey Jones, Kaili Thorne, Brendan McCreary, Ward Roberts.

País: United States.

Genero: Horror, Comedia.

Duración: 119 minutos.

El cine de serie B. Ese motivo por el cual muchos quieren eliminar su carrera pero el mismo por el muchos salieron adelante. El seguimiento y apoyo viene de muchos que vivimos buscando lo que no puede penetrar las mayores esferas del buen gusto de Hollywood. Nos encanta la sangre exagerada, las historias invictas de invasiones zombies, y la eterna búsqueda por el splatter fascinante. Sin embargo, y parece mentira, antes era mucho más popular. Con el auge del cine digital, ya todo el mundo cree que puede hacer una película. Inclusive el cine actual de serie B es malo, cosa que para muchos es inaceptable; para mí es triste. Y es que como demuestra Sam Raimi con su gloriosa saga de The Evil Dead, la creatividad paga. Y hace carreras. Lo importante es que todavía quienes saben hacer cine de horror se esmeran por presentar propuestas innovadores pero también respetan sus raíces. Y mucho. Esto queda demostrado con la antología de alto calibre de horror/comedia llamada Chillerama, en la que 4 directores ponen de su empeño para crear 4 cuentos llenos de sangre falsa, mal gusto, sexualidad burlesca y perfección de serie B.

Aunque la historia esté anclada en un segmento específico, haré mención de cada parte por separado. Se lo merecen, créanme.

  • Zom-B-Movie: Es el segmento donde todo se inicia. En una noche se proyectarán cuatro filmes para conmemorar una noche de mal gusto, y el cierre inevitable de un autocine. Por supuesto que los personajes típicos aparecen. Pero todo se vuelve mierda cuando por la intervención de un necrófilo, un líquido “mágico” se cuela en los snacks del cine y todo el mundo se vuelve un zombie con aires de actor o actriz porno. Se desencadena una orgía asesina de zombies. Si bien todo el segmento está rodeado por la línea narrativa de la película y no hay oportunidad de hacer mucho, el director se enfoca en el ataque y referencias a la cultura pop. El clímax de la película es genial. Calificación: ***1/2
  • Wadzilla: Un hombre recibe un tratamiento para la disfunción erectil porque al eyacular solo bota un espermatozoide. El resultado después del tratamiento es que de él sale un espermatozoide del tamaño de Godzilla que termina por dry hump la estatua de la libertad. Cuando lo vencen y explota todo el mundo termina cubierto en semen. Sencillamente espectacular. El valor del filme radica en lo malo y tonto de las películas de monstruos. No puedo describir. Tienen que verlo. Calificación: ****
  • I was a teenage werebear: Un chico va descubriendo que es gay mientras es motivado por un outcast. Resulta que en medio de una pelea llega a ser mordido y se convierte en un hombre lobo con un poco de motivación; el hombre lobo está vestido de cuero y tiene vestuarios como los de Rob Halford de Judas Priest. Es un segmento sin sentido. Tal vez porque no entiendo la cultura gay. Pero sencillamente parece hecho solo por hacerlo. Calificación: *
  • The Diary of Anne Frankenstein: Como el título lo dice, se une a Hitler con la historia de Frankenstein. Supuestamente el diario de Anne contiene el secreto para traer a la vida a los muertos. El resultado es un rabino monstruoso que acaba por terminar con la vida de Hitler. Es el más gracioso de todos. Joel David Moore hace el papel de Hitler con un talento indiscutible, al sustituir el alemán por cualquier cosa que salga de su poca incluyendo “Boba Fetttt!”. Un logro para el género. Calificación: ***1/2

Mucha gente podría preguntarme cual es el valor de Chillerama y la verdad es que no sabría explicar. El mal gusto es así. Tiene un lado fetichista que nos hace ser morbosos y autómatas ante lo absurdo y espectacular de este tipo de cine. Nunca dejaré de defenderlo. Pero con Chillerama provoca regresar al pasado  y meterse en el set o en el proceso de escritura de guión y preguntarles a todos “¿Qué demonios están pensado?”.

Un clásico de culto.

Un trailer

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