Crítica cine: Despicable Me 3 (2017)

Tercera parte que alimenta a la franquicia mientras otorga a los chicos mucha más diversión de lo que parece.

Dirigida por:  Kyle Balda, Pierre Coffin, Eric Guillon.

Voces de: Steve Carell, Kristen Wiig, Miranda Cosgrove, Dana Gaier, Nev Scharrel, Steve Coogan, Julie Andrews, Jenny Slate, Andy Nyman, Trey Parker.

País: Estados Unidos.

Género: Animada, infantiles.

Duración: 90 minutos.

En cualquier otra oportunidad hubiese descartado a Despicable Me 3 como una película de poco valor. Es una franquicia que simplemente funciona. Es notable la maquinaria que se generó de forma fortuita hace varios años y que todavía sigue dando pie a entregas taquilleras. No solo se trata de un vehículo para públicos infantiles. Se trata también de una oportunidad para que se reinvente con campo amplio de creatividad. El hecho de no tener que atarse a una institución como Disney y sus reglas permite que esta tercera entrega se sienta como un trago fresco y original que presenta un argumento genérico pero fugaz que cumple los requisitos, acierta en todos los blancos, y mantiene el toque juguetón para alejarse de lo políticamente correcto manteniendo una estructura para el público infantil.

En este capítulo del gruñón villano, nos encontramos con una familia agrandada. Gru ya tiene una familia completa. Las tres niñas, sus minions y ahora una sidekick romántica. Mientras intenta rescatar un diamante de un villano con una fascinación justificada por todo lo que fue la década de los 80, Gru tiene un encuentro con su hermano que no sabía que existía. Es un hermano gemelo idéntico a Gru pero con más cabello. Juntos formarán un equipo renovado que podría funcionar para recuperar este diamante con poder destructivo.

¿Acaso necesitamos algo más?

Las terceras partes casi nunca funcionan pero con el cine animado las oportunidades para generar éxito son más amplias. Despicable Me 3 sale de los requisitos de forma temprana en el primer acto. Los chistes repetidos y la presentación de elementos nuevos sirve para que entremos en sintonía con una nueva aventura prometedora por parte de Gru, sus minions y ahora, el hermano perdido. Raro es que la película intente ser dos propuestas: una continuación para los minions y otra para el villano favorito de todos. Es acá cuando existe cierta debilidad por unir a las dos tramas en un tercer acto bien diseñado pero de ritmo desesperado. Afortunadamente todo fluye para la película y nunca hay una parada para descansar. Despicable Me 3 es risa tras risa de principio a fin, pero solo si disfrutas de esta saga que para algunos ya está cansada y debe culminar. Yo lo veo como una serie de capítulos largos bien planificados. No ando buscando una película emocionalmente poderosa. Sabía que lo que iba a ver y nunca tuve las pretensiones de ver una película ganadora.

Es probable que esta no sea la última vez que veamos a este grupo de personajes haciendo de las suyas. Lo interesante es que se siga renovando el por qué de sus acciones. Siempre en estas películas el villano debe funcionar. Mucho de lo que funciona en Despicable Me 3 recae en la nostalgia extraña que su villano genera con su fascinación obsesiva y casi estúpida por la década que todos extrañamos. Todas y cada una de sus secuencias valen oro. Probablemente los pequeños no entiendan mucho de lo que ocurre en estos momentos, pero es esto lo hermoso de estas películas animadas. No tienen casi escrúpulos y no se limitan a satisfacer a un público garantizado. También juegan con la atención del público adulto. Esta vez acertaron conmigo. Me divertí y me reí. No puedo pedir mucho más que eso de una tercera parte.

Calificación: ***

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