Crítica cine: Dolls (1987)

Una de esas que nadie recuerda del cine ochentoso de horror y que resalta de forma inesperada.

Dirigida por: Stuart Gordon.

Protagonizada por: Ian Patrick Williams, Carolyn Purdy-Gordon, Carrie Lorraine, Guy Rolfe, Hilary Mason, Bunty Bailey, Cassie Stuart, Stephen Lee.

País: Estados Unidos.

Género: Horror.

Duración: 77 minutos.

Si podría hacer un catálogo de las carátulas de cintas de VHS que recuerdo haber visto en la infancia y que siempre me llamaron la atención, Dolls estaría ahí. Era una de esas que siempre me llamaba la atención y al mismo tiempo siempre fue evitada en casa. En ella existía una teoría extraña de dejarme ver todo lo que quería pero había un rechazo inmediato a todo lo que tuviera que ver con objetos para chicos que estuvieran “retocados” para ambientar una película de horror. Extrañamente Child’s Play nunca fue algo de tabú, pero sí películas como Dolls. Por eso no formaba parte de ese grupo nostálgico de películas que tanto retengo en mi mente. Sin embargo, décadas después en un sábado aburrido decidí atender a la necesidad de saber qué había detrás de esa carátula que tanto me aterraba. La respuesta es una película sin sentido que al mismo tiempo puede llegar  ser un producto de calidad. Efectos especiales admirables, una ambiciosa falta de seriedad, y una historia mínimamente congruente, son lo que puedo rescatar de Dolls, una de esas que debía haber visto hace mucho tiempo.

Hoy en día no se hubiesen salido con la suya. Dolls fue hecha por Stuart Gordon hace mucho tiempo, dos años después de hacer Re-Animator y demostrar que a veces las voces diferentes deben ser escuchadas. Pero una carta prácticamente abierta le permite a Gordon hacer la película sin muchas limitantes. Una pareja con una niña debe detenerse en el medio de la nada cuando el vehículo se queda atascado en plena lluvia. Una mansión muy tenebrosa se esconde muy cerca del sitio y deciden meterse. En ese sitio vive una pareja de ancianos con una extraña colección de muñecos. A la misma casa empiezan a llegar otras víctimas de la tormenta. Todo el encuentro se torna peligroso cuando los muñecos empiezan a cobrar una vida. Pero no son solo máquinas asesinas. Sus víctimas serán bien seleccionadas.

Su introducción es agonizante. Es una película mala en su inicio. Muchos dirían pésima. Pero un segundo acto permite que la fórmula funcione. Permite que Gordon haga de las suyas con efectos bastante buenosy una edición que imprime autenticidad a la película. Cuando la película deja de ser solo una película de horror y se permite a sí misma ser una comedia desenfrenada, estamos a merced de lo inesperado y lo que no tiene reglas escritas. Es algo que Gordon sabe controlar y así lo demuestra. Sobre todo cuando en su haber tiene una historia que se desarrolla y algo de relación tiene con una retorcida versión de “juguetes que cobran vida y se mueven en la oscuridad”.

Quizás pierdo credibilidad escribiendo sobre Dolls y calificándola al lado de gemas del cine. Pero poco puedo hacer si no se entiende la escala que se maneja al ver películas como Dolls. No puedo colocarla al lado de The Godfather. Es algo obvio. Pero no veo por qué no se puede reconocer un valor creativo en algo distinto. Sobre todo cuando existe tanta basura en ese medio (antes de Dolls intenté ver Without Warning de 1980 y no pude soportar más de diez minutos). Dolls es una linda sorpresa detrás de una carátula inolvidable de una época en la que eso importaba. Las joyas de las visitas a los sitios de alquiler de cintas, momentos en los que cualquier cosa podía pasar.

Calificación: ***

Un trailer

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