Crítica cine: El Espanto (2017)

En un diminuto pueblo en Argentina, existe “el espanto”, una “enfermedad” cuya cura es bastante particular.

Dirigida por: Pablo Aparo, Martín Benchimol.

País: Argentina.

Genero: Documental.

Duración: 65 minutos.

Nací y crecí en un pueblo de Venezuela que no tiene más de 200.000 habitantes. En ese pueblo me atrevo a decir que hay más leyendas que médicos activos. De cuentos vive la gente. Y de chismes se alimenta el monstruo inmortal de la ficción que todo el mundo acredita como realidad. Por eso cuando navegaba en un catálogo de películas y leí la premisa del documental argentino titulado El Espanto automáticamente presioné play. No pensaba que esto solo ocurría donde nací. Pero me cuesta creer que la sociedad moderna todavía certifica en ocasiones lo físicamente  imposible y científicamente improbable.

El Espanto es un fascinante viaje a un núcleo difícil de explicar para quiénes no lo han visitado. Dirigido por Pablo Aparo y Martín Benchimol, el documental nos propone de entrada la existencia de enfermedades que se curan por la acción de otra persona. Pero no es medicina moderna. Se trata de un poder extraordinario para ejecutar ritos con el objetivo de “curar” lo que parecen ser enfermedades no catalogadas. Esto no ocurre solo en un pueblo llamado El Dorado. Ocurre en todos lados. Soy testigo de ello. Pero en El Dorado es una creencia generalizada. Esto da pie a que la película nos proponga a “el espanto” como una aflicción posible. “El espanto” no es algo que curen ellos, los entrevistados que nos dan su testimonio que ya de por sí, es difícil de creer. Solo alguien sabe curarlo. Un misterio sin resolución que el documental maneja de forma magistral.

Con solo 65 minutos de metraje una historia es contada sin necesidad de resolución. Las conclusiones son personales, y son inevitables. Es una aventura por vertientes psicológicas que no serán creíbles por la mayoría. Pero así es la fantasía. Tan poderosa como efectiva. Si somos capaces de creer que hay arriba un ser que todo lo ve, estas personas pueden creer en una molestia física sin forma que solo puede ser curada por un misterioso hombre. Es algo que decidimos aceptar durante un documental que nos deja sedientos, pidiendo más información de eso que no podemos entender y que sí, algunos necesitamos digerir.

Estoy seguro de que ahí donde nací, y en muchos otros pueblos más alrededor del mundo existe lo mismo que existe en El Dorado. Un misterioso síndrome que podría ser real o podría ser producto de la histeria masiva que ha perdurado con el tiempo y que se niega a fallecer. Pasa de generación en generación. Son prácticas que van cambiando con el pasar del tiempo y con la evolución de quiénes son capaces de abordarlas. Soy escéptico con estas cosas. Pero no quiere decir que no me interesen. Si existen los misterios sobrenatuales y los mismos pueden ser poderosos, entonces lo que ocurre en El Dorado es uno de ellos. No me refiero a “el ojeo”, o a “el espanto”. Me refiero a cómo algo tan místico puede perdurar por tanto tiempo y se puede mantener vivo sin una prueba real.

El Espanto no ahonda demasiado en los detalles y tampoco necesitamos los mismos. A veces en las dudas están las respuestas. A veces en la inocencia viven leyendas que con el tiempo ganan poder. Uno que es capaz de tumbarte en una cama y no permitir que te muevas hasta que alguien hace algo. No importa si se trata de algo ilegal, o algo que puede terminar siendo un crimen. Hay una fina línea que el documental explora y define. Pero tampoco se mueve hacia el lado escéptico. Esa posición de “duda” es la razón por la cual su calidad es indiscutible.

Calificación: ****

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