Crítica cine: El Hoyo (2019)

Un hombre despierta en algo que parece ser una cárcel con varios niveles. Los de arriba son privilegiados, pero mientras más abajo esté el nivel, las cosas se ponen más difíciles.

Dirigida por: Galder Gaztelu-Urrutia.

Protagonizada por: Ivan Massagué, Zorion Eguileor, Antonia San Juan, Emilio Buale, Alexandra Masangkay, Eric Goode, Algis Arlauskas, Miriam Martín, Óscar Oliver.

País: España

Género: Ciencia ficción, thriller.

Duración: 94 minutos.

No tengo problemas con el comentario social en cualquier muestra artística. Cualquier medio me parece idóneo si se piensa en hacer efectivo un mensaje que necesitas que llegue a cualquier sector de la población. En algunos casos funciona y en otros pareciera que la idea era lo único que podía salir bien. A veces ejecutar algo, sobre todo en el cine y en las series, es un arma de doble filo. Una que te juega la mala pasada cuando intentas transmitir algo que piensas a través de un género poco común. Es exactamente lo que ocurre con El Hoyo, una trampa en forma de película que te lleva por el camino de un thriller de calibre altísimo y termina siendo una sentencia sin objetivo definido.

Cualquiera hubiera pensado que, en la mitad del guion, el mensaje empezaba a perderse. Justamente cuando un personaje principal interesante, empieza a desligarse de una causa de supervivencia para atender la intención de alguien que escribe una analogía en una muestra de ciencia ficción que más tiene que ver con la distopia, la crisis de la “auto ayuda” y los métodos no habituales para tratar un problema. Este personaje despierta en una especie de cubo con un hoyo en el medio. Este hoyo le permite ver hacia arriba y hacia abajo en donde hay niveles con estructura similar. Ese “canal” del medio es lo único que comunica a todos y por él viaja una plataforma con comida. Solo va hacia abajo. Por lo que los de arriba comen bien, y los de abajo comen lo que queda. En su mismo nivel está un anciano que parece tener demasiada información, pero también muchas ganas de guardársela. Al entablarse una relación, nuestra “víctima” empieza a entender el objetivo del sitio a donde, aparentemente, quiso ir.

No hay nada que pueda fallar con esa premisa. Múltiples variantes existen para el desarrollo y cada una contiene un valor a nivel de trama que se podría usar muy bien. Pero El Hoyo se mantiene insistente con los diálogos de alegorías y metáforas. Como si el espectador tuviera que armar una historia por sí mismo y encontrar algo de lógica al asunto. Cuando la película ensaya con la explicación sobre qué es lo que ocurre, tenemos que volver al primer nivel y empezar de nuevo. Es una película muy tensa cuyo resultado se siente como un respiro obligado y sin mucha emoción.

Es lamentable que, a nivel de producción, El Hoyo se mantenga tan estable, y pierda toda esa fuerza con un final que no responde mucho por ese personaje que en pocos minutos aprendimos a querer y hasta vitoreamos cuando sobrevivió a la amenaza con la que se encontró. Insisto con que es una película de un presupuesto altísimo y con un nivel de cuidado a los detalles bastante admirable. Entonces, ¿para qué inundar un tercer acto con la necesidad de calificar a los buenos y a los malos? ¿Para qué se quiere dar a entender algo que ya sabemos? No creo que una producción así tenga que lidiar con un guionista cuya idea no funcionó y decidió irse por el camino fácil de la filosofía que un espectador debe aplicar para poder terminar una película y que todo tenga una conclusión satisfactoria. Pero todo puede pasar. Y a veces nos equivocamos. Por mi parte, yo solo quería ver una película entretenida con una premisa espectacular.

Calificación: **

Un trailer

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