Crítica cine: Eyes Wide Shut (1999)

Un médico de clase alta en New York se embarca en una travesía extraña de cultos, sexo, y muerte, cuando su esposa le revela un horrible secreto sobre la intimidad.

Dirigida por: Stanley Kubrick.

Protagonizada por: Tom Cruise, Nicole Kidman, Sydney Pollack, Marie Richardson, Leelee Sobieski, Rade Serbedzija, Todd Field, Vinessa Shaw, Alan Cumming, Sky Dumont, Fay Masterson, Thomas Gibson, Madison Eginton, Louise J. Taylor, Stewart Thorndike, Jackie Sawiris, Peter Benson, Paul Randall, Julienne Davis, Lisa Leone, Mariana Hewett, Chris Pare, Christian Clark, Togo Igawa, Eiji Kusuhara, Sam Douglas, Angus MacInnes, Abigail Good, Brian W. Cook, Leon Vitali, Carmela Marner, Phil Davies, Cindy Dolenc, Treva Etienne, Dan Travers.

País: Estados Unidos.

Género: Suspenso, thriller.

Duración: 159 minutos.

Lo mundano no debería ser complejo. Al menos en lo que respecta a una trama cinematográfica básica que no navegue sobre el secretismo que a veces existe en un núcleo familiar. Todos cometemos errores. Todos cometemos fallas. Pero así hemos evolucionado, y ese modelo de familia no ha sufrido tantos cambios en el último siglo. Por eso Eyes Wide Shut es una película cuyo arranque es pivoteado por lo atípico: una escena en la que se discuten secretos que siempre han sido ocultados por alguna razón, una conversación honesta que termina en un estado de caos y tensión que refleja el primer escalón hacia abajo, hacia lo más retorcido que Kubrick puede filmar en su versión sobre los estándares resquebrajados por un sentido primitivo.

En Eyes Wide Shut, una pareja tiene apariencia y funcionamiento perfecto. Es una materialización del sueño perfecto del Manhattan sin problemas económicos y con una vida social más que tranquila. Su intimidad es poco marcada por lo raro y se mantienen en un perfil básico. Durante una fiesta, ella va y baila sensualmente con un extraño, y él es escoltado por un par de modelos hermosas. Los celos no son aparentes. En una conversación posterior, ella le revela que casi cae en la infidelidad. Cuenta las razones y se desata una crisis horrible de clara insatisfacción. Entre la paranoia y la falta de confianza, él entra en un estado de desilusión que lo lleva a una fiesta secreta de una especie de culto. Acá no debería estar, y él lo sabe. Pero parece estar atraído por lo prohibido. El paso posterior depende solo de él y de la tentación que siente, aunque sea el terreno más peligroso en el que puede entrar.

Desde que Kubrick sorprendió al mundo con su hipersexualizada película, mucho del éxito se le atribuye al manejo de dos figuras de Hollywood que parecen entregarse en cuerpo y alma a una película difícil de hacer y de entender. Al menos en una primera pasada, Eyes Wide Shut es expuesta como la aventura sexual que las audiencias quisieron ver en ese momento. Pero creo que no hay nada más lejos de la realidad.

El director se queda en un siniestro espacio de resentimiento por algo que no termina ocurriendo. En Eyes Wide Shut esta pareja no es infiel en ningún momento. El terror y el miedo vienen por algo que no ocurre pero se siente. Y Kubrick con esto realiza una pregunta sumamente interesante, una que se aleja del espíritu de suspenso de la película y recae más en la psicología de un atentado a la decencia, un hecho perfectamente posible: ¿Qué es peor: La infidelidad o la posibilidad de la misma? Eyes Wide Shut es una alegórica visión sobre el poder de los secretos y de la imaginación cuando alguien revela lo que siente. En una escena final, vemos cómo esta pareja necesita recuperar lo que perdió mientras metódicamente juegan a ser perfectos. Dudamos si el método que declaman funcionará. Pero sí hay seguridad en algo: harán lo posible, aunque atente contra la estabilidad de lo que construyeron, o inclusive contra sus propias vidas.

Calificación: ***1/2

Un trailer

Leave a Reply