Crítica cine: Fast Color (2018)

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Después de ocultarse por mucho tiempo, una mujer con un extraño super poder decide regresar a la casa en la que se crió.

Dirigida por: Julia Hart.

Protagonizada por: Gugu Mbatha-Raw, David Strathairn, Lorraine Toussaint, Christopher Denham, Saniyya Sidney, Tasos Hernandez, Jermaine Washington, Ryan Begay, Michael E. Stogner, Levi Dylan, Richard L. Olsen, Sylvie Grontis Hagan, Monique Straw, Jason E. Hill, Hannah Kauffmann, Aliza Halm.

País: Estados Unidos.

Género: Drama, ciencia ficción, thriller.

Duración: 102 minutos.

En la actualidad infestada de películas genéricas de super héroes, cualquier variación a la fórmula podría ser considerada como algo innovador. Al menos es lo que ocurre con películas como Fast Color que utiliza un tema muy conocido hoy en día para contar una historia fantástica con un colchón de realismo que se siente demasiado manipulado y no logra la cohesión que se busca. Nuestra protagonista es una heroína. Eso es algo que no podemos dudar. Pero qué es lo que la hace  sobresalir. ¿Es su poder o el fuerte mensaje que su personaje acarrea por triunfar en medio de la batalla con demonios personales? Fast Color es un aterrizaje en medio del montón que sigue volando en el plano de fantasía. Pero esto no es suficiente para que resalte como una variación espectacular de una causa que ya hemos visto antes.

Nuevamente el super héroe con el dilema que ya cansa. Pero esta vez, la “debacle” no tiene mucho que ver con ella. Ruth es su nombre y viaja como puede de un pueblo a otro para poder llegar a casa. Se trata de un país devastado por la falta de lluvia en años. La gente parece sobrevivir ante la carencia del líquido que da vida. Sin embargo, se arreglan de alguna forma. En este punto, la película nos ambienta en una especie de ensayo que no se usa ni es relevante para lo que ocurre en la situación que terminamos analizando al final. Ruth está intentando llegar a casa. Pero hay gente persiguiéndola. Ella tiene una extraña capacidad para causar terremotos y no puede controlarlo. Cuando finalmente se aparece en ese sitio en el que creció, nos enteramos de un pasado que ubica a Ruth en una circunstancia tan normal que parece mentira que la película no salga de esas cuatro paredes tangibles.

Al menos Julia Hart, su directora nos permite quedarnos en una casa vieja y llena de arreglos. Acá no hay espectáculos, escenas de arreglos gigantes ni tomas carísimas. Fast Color es una colorida versión del empoderamiento necesario de la mujer en una situación más que difícil y con un pesado haber de “los poderes que traen más consecuencias negativas que positivas”. Es ahí donde la película no termina de resolver qué planteamiento desea hacer sobre su personaje principal. Inclusive su final es desastroso. Con alguien que se rinde de forma poética pero sin sentido, y con una celebración de libertad que no trae consigo un beneficio claro para los personajes que necesitamos que puedan lograr lo que se proponen.

¿Es distinta? Bastante. Pero, ¿para qué? Es una pregunta inevitable para cuando se logra digerir su confuso contenido, uno que no sabe navegar entre la película apocalíptica (pero conveniente para algunas situaciones), y la del super héroe que no quiere usar sus poderes. Hay un tratamiento que nos permite conectarnos con su personaje principal. Pero poco se puede indagar sobre Fast Color cuando ruedan los créditos. Sí, esos colores son hermosos. Pero no tienen sabor a nada. Pasan de forma fugaz y de forma que le convenga a Ruth salvar al mundo. De forma accidental. Porque ni eso le permitió su directora. Apoderarse de su capacidad para regalarnos lo que los super héroes suelen regalar: la salvación.

Calificación: **

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