Crítica cine: Friday the 13th: The Final Chapter (1984)

La saga resurge apestando al pasado, pero al menos este cuarto capítulo se sale del molde y algo bueno hace.

Dirigida por: Joseph Zito.

Protagonizada por: Kimberly Beck, Corey Feldman, Erich Anderson, Peter Barton, Judie Aronson, Barbara Howard, Lawrence Monoson, Lisa Freeman, Crispin Glover, Camilla More, Carey More, Al Hayes.

País: Estados Unidos.

Género: Horror.

Duración: 91 minutos.

No es un secreto para nadie que la saga de Jason Vorhees y el campamento maldito Crystal Lake no sufría demasiados halagos para mitad de la década en la que reinó el cine slasher. A pesar de que en el capítulo anterior habían decidido cerrar la puerta, Paramount necesita seguir “sacando leche de la vaca”, y aprueba un presupuesto mínimo para lo que sí sería esta vez un capítulo final, y mucho de esto tiene que ver con la insistencia de un productor joven que busca ser aprobado por la industria. Así se lleva a cabo The Final Chapter, con la promesa de que hasta acá todo llegaba. Deciden contratar a un cineasta de carrera básicamente inexistente, quien a su vez recurre a un guionista que sí tenía idea de cómo hacer una película. El resultado es una película cuya fórmula varía para mejor. Y aunque hoy en día sabemos que Jason siguió en sus aventuras con más películas, The Final Chapter se gana un lugar especial por esas ganas notables de mostrar un lado diferente.

En este cuarto capítulo de la franquicia, hay un encuentro entre un Jason que revive en la morgue, un grupo de adolescentes que van a Crystal Lake a pasar un fin de semana y una familia dividida que vive en las adyacencias. Lo que Jason formula con sus andanzas y los adolescentes que van a portarse mal en este sitio es lógico, esperado y sirve para un despliegue ingenioso de efectos de maquillaje (Tom Savini vuelve en esta ocasión porque quería “matar bien a Jason”). Pero esta familia que curiosamente decide vivir cerca del sitio conforma un polo dramático distinto, uno que termina importando, y que contiene a un personaje clave en la película: Tommy Jarvis, el niño que protagoniza uno de los mejores finales de la saga, interpretado por un Corey Feldman primerizo que ya mostraba señales de la carrera corta pero excelente que tuvo en la década.

Aunque sea de público conocimiento que Friday the 13th: The Final Chapter fue una producción poco organizada, poco se nota esto en la película. Estamos en un universo de Friday the 13th, y acá las producciones tienen errores notorios. Pero al menos en una primera vista no se notan las incomodidades del equipo de producción, y los riesgos asumidos por un director y sus actores. Y para ser honestos, es una historia que funciona. Es imposible cuestionar todo, pero a veces solo queremos ver a Jason hacer de las suyas. Esta vez se tarda un poco, pero mientras podemos burlarnos de sus víctimas que no parecen aprender, parecer no escuchar a quiénes lo saben todo, y parecen siempre hacer lo mismo. Es exactamente lo mismo que hacemos los espectadores que seguimos viendo las películas en las que siempre ocurre lo mismo. Parece una comparación absurda, pero no veo cómo nos podemos diferenciar de las víctimas.

Crystal Lake estaba en un abismo de pésima calidad, pero resurge con Friday the 13th: The Final Chapter. No hay discusión sobre la mejoría que la película muestra en su tercer acto, con personajes que van desde lo ridículo hasta lo honesto. Pero sigue siendo la casa de Jason. Hay tetas, hay escenas de bailes extraordinarias, y hay mucha, mucha sangre. ¿Esperaban más? Yo no, y me llevé una linda sorpresa bastante divertida.

Calificación: **1/2

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