Crítica cine: Greenlight (2019)

Buscando poder dirigir su primera película, un director de cine consigue una extraña oportunidad que se convierte en pesadilla cuando es forzado a filmar un asesinato real.

Dirigida por: Graham Denman.

Protagonizada por: Danielle Bisutti, Chris Browning, Shane Coffey, Brian Cousins, Evanne Friedmann, Nicole Alexandra Shipley, Craig Stark, Victor Turpin, Caroline Williams, Chase Williamson.

País: Estados Unidos.

Género: Horror, thriller.

Duración: 84 minutos.

Aunque recurramos con frecuencia al cine y aunque siempre tengamos una opinión sobre que algo que hayamos visto, creo que hay una barrera que nunca se debe cruzar. Ya sea por respeto o por la incongruencia de la arrogancia desmedida, no creo que sea necesario decir que “yo lo hubiera hecho mejor”. Hacer una película supone un acto demasiado planificado y difícil como para afirmar que la poca experiencia te puede llevar a hacer algo mejor. No es sino hasta que el cine raya en la mediocridad absoluta que podemos llegar a sentir que muchos errores se podían haber evitado. Sin embargo, creo que Greenlight es una buena oportunidad para analizar la crítica, y el cómo algo creativo se puede lograr después de la opinión insistente sobre el producto. Esta vez, podemos cruzar la barrera. Y esta vez, estoy seguro, de que muchos podrían haber hecho algo mejor.

Greenlight es un instante de cine que nunca debió haberse hecho. Una vaga pista sobre una idea que quizás sonaba bien en una conversación pero nunca se ejecuta con la seriedad que la ocasión amerita. En reemplazo tenemos una discusión que constantemente salta entre el horror y la comedia para contarnos la historia de un frustrado cineasta que un día consigue todo lo que quería si tan solo desea hacer un pequeño sacrificio. No sé si se trata de una alegoría a la integridad desperdiciada de la industria. No sé si hay ironía en el comentario. Lo único que sé es que Greenlight es una pobre excusa de película que agoniza por 84 minutos para culminar sin la más mínima reacción del espectador. Quizás esta vez, cualquiera podía haberlo hecho mejor.

Si se pretendía contar la historia de un personaje central, al menos por respeto podían haberle dado más forma a aquello que quería lograr y no retratarlo como un monigote en servicio de un productor. Este personaje, un director de cine que quizás tiene demasiado talento inexplorado, debe resolver con reacciones, paranoia y poca credibilidad. Es insoportable el cómo está al servicio de la escena y todo lo que ocurra en ella y nunca termina imprimiendo sustancia al conflicto en el que se encuentra. Un talentoso actor es desperdiciando en pro de mostrar el recurso supuestamente válido de la película: un Chris Browning pasado de maquillaje, con poca claridad en lo que quiere lograr en la película.

Pero lo peor que tiene Greenlight es la poca capacidad de considerarse a sí misma como una íntegra visión de su metafórica resolución. Es una película cuyo camino es predecible. Entendemos cómo va a terminar. Pero nunca se transporta a la próxima estación para un cierre posiblemente variante, uno que quizás podía girar la rueda para denotar la calidad de un equipo de producción tan importante como el Horror Collective. Si esto es lo que van a lograr entonces poco podemos esperar de un proyecto que supuestamente extrae la calidad de los mejores fanáticos y les da una silla de director, dinero y carta blanca. Estoy seguro de que esto no era lo mejor que podían hacer. Ojalá ellos lo sepan también y no se acostumbren a cometer los mismos errores dos veces. De estas experiencias se aprende, y esto no solo debería ser responsabilidad del espectador que solo quiere ver una buena película de horror.

Calificación: *

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