Crítica cine: Hoop dreams (1994)

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Un excelente documental que muestra la dos jóvenes que crecen entre violencia y pobreza y tratan sobre todo pronóstico alcanzar su sueño de jugar basketball profesional.

Dirigida por: Steve James.

País: Estados Unidos.

Genero: Documental.

Duración: 170 minutos.

Creo que en este punto todos estamos concientes de que el sueño norteamericano existe pero no para todos. Se nos pinta un país de oportunidades pero también la realidad cuenta de que hay una crisis que afecta a millones de personas. Han evolucionado hasta ser la única potencia mundial y han vencido esquemas de racismo como no ha podido hacer otro país. Sin embargo, sigue siendo un país con altibajos, sobre todo desde el punto de vista racial. En Hoop Dreams, considerado el mejor documental de la historia, se cuenta la vida de dos niños afroamericanos que han sido afectados cada uno a su manera por la sociedad en la que han crecido. En sus casas, los héroes vienen de la NBA. No son los padres sacrificados cuyos pequeños logros pueden hacer que todos coman. Pero lo que importa de estas vidas (y ni siquiera del documental) es que la esperanza es lo único que mueve al mundo y la realidad es el imán que nos ata a lo posible. Ambos chicos son exitosos dentro de su propio mundo y representan la motivación, el carisma y la realidad social que todos deberíamos considerar cuando nos encontramos sin esperanzas, encerrados en una crisis emocional que al fin y al cabo no es tan importante como las vidas de otros.

William Gates y Arthur Agee son los dos chicos que sobreviven en los suburbios de Chicago. William Gates es un chico que viene de una casa dividida por un padre ausente y la crisis de oportunidades perdidas. Su vida es el basketball. No sirve para otra cosa. En los estudios sufre de la misma manera que sufre el sector afroamericano, el cual se ha posicionado fervorosamente en el ghetto y por preferencia social, decide quedarse en lo mismo. Corre peligro como todo el mundo. Su motivación es su hermano mayor, un prospecto de la NBA que por razones tontas no llegó a ser más. Su madre está arraigada a la rabia de no tener una vida más justa. Su cara lo demuestra. Arthur Agee es el otro chico. Su vida es profundamente más caótica. Su padre es drogadicto y abusivo. Su madre vive para sus hijos y sufre. Agee también vive para el basketball y sus oportunidades son menores a las de Gates. En algún momento del filme los chicos coinciden y se abrazan, apoyados en la esperanza de poder ser más que otro que muera en la calle, producto de guerras de drogas, o cualquier otra causa. Pero el perfil de ambos también es diferente. Las oportunidades difieren por circunstancias de la vida y a ambos se les hace difícil el proceso de maduración inmediata. Pero es obvia la diferencia y es acá donde vemos que no importa qué se hace al respecto, la realidad siempre será la realidad. Aunque el documental sea deportivo y en ocasiones haya suspenso, sabemos que la consecuencia de todo esto es gris y poco digna de un sueño.

Steve James dirige un filme que se supone debió ser un corto de media hora. En cambio, cinco años pasaron los chicos siendo los objetivos de una cámara que les hizo madurar y enfrentar emociones. James compone con el emblema de motivar al espectador a seguir hasta el final y ver qué es lo que pasa. Al principio, pensamos que puede existir justicia para estos chicos y pueden llegar a estudiar en una buena universidad, disfrutar sus becas, y ser excelentes jugadores de basketball. Al final, todo es diferente; nos conformamos con haber visto una muestra de dos vidas que siempre fueron destinadas a algo mejor y que por tema de sociedad simplemente no pudieron llegar al puesto donde siempre debieron estar. Si bien hay instituciones que ejercen presión para que ambos chicos lleguen a un punto deseado, no podemos evitar sentirnos identificados con su etapa y lo imposible de visualizar las cosas desde un punto mediático. Son niños, y así les entendemos. Pero no siempre ocurra acá y este sigue siendo el punto dramático crucial de la película. En Hoop Dreams, no siempre analizamos la vida de estos chicos, sino de quienes les rodean. Sus fallas, sus logros, son inesperados e impactantes. Especialmente cuando la madre de Agee se gradúa de enfermera notamos una montaña de emoción por haber logrado algo inesperado y muy buscado. Cuando Arthur se gradúa en una escuela de verano, su motivación es baja. Es un chico que ha visto la realidad y la misma es un sueño por jugar basketball, no por estudiar. Gates y Agee eventualmente van a la universidad y son exitosos. Ambos tienen problemas en el camino, pero es tan tangible su sueño y tan imposible lo que quieren que vitorear es posible cuando vemos que Agee está tan poco motivado por su graduación y Gates vive deprimido por una derrota física que lo marca por el resto de su vida.

¿Por qué es tan bueno el documental? Porque nunca funciona como la visión personal de un conflicto social. Simplemente se filma lo que ocurre y el por qué de los hechos. No se manipula. No se da una sentencia ni se afirman opiniones innecesarias. Se confirma que el destino de muchos no siempre es el que se quiere, sino el que se puede. Soñar no cuesta nada, y así lo demuestran Gates y Agee, pero hoy cuando son emblemáticos en su causa y trabajan todavía por salvar lo poco que queda del ghetto, admiramos que la causa haya venido catalizada por una película, la cual no deja de ser emocionante y en ocasiones gritamos por victoria o lloramos por derrotas.

Calificación: ****

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