Crítica cine: Jason goes to Hell: The Final Friday (1993)

Después de cuatro años ausente, Jason vuelve. O mejor dicho “vuelve”.

Dirigida por: Adam Marcus.

Protagonizada por: Kane Hodder, John D. LeMay, Kari Keegan, Steven Williams, Steven Culp, Rusty Schwimmer, Erin Gray, Richard Gant, Leslie Jordan, Billy Green Bush, Allison Smith, Kipp Marcus, Andrew Bloch, Adam Cranner.

País: Estados Unidos.

Género: Horror.

Duración: 88 minutos.

Hasta el año 1989, Paramount Pictures recurría casi todos los años a su gallina de huevos de oro impuro. Jason Vorhees y Crystal Lake. Y decimos “impuro” porque a pesar de que las inversiones eran importantes, y algo de talento se imprimía en las películas, poco se podía hacer para salvar a la franquicia. Era claro que no a muchos les interesaba rescatar a Jason de un catálogo abismal de horror barato y sin sentido. Esa infame película en la que Jason va a New York es la prueba.

Y algo ocurrió después. De alguna forma, los derechos van a New Line Cinema, la casa que construyó Freddy Krueger. Los ejecutivos buscaban rescatar algo después de la debacle de Jason Takes Manhattan, y recurren a Sean S. Cunningham, director de la primera entrega, quien tenía una idea. Esa idea no era llevar a Jason al infierno. Pero esto es historia de cine de horror y acá no estamos en esa clase.

Jason goes to Hell: The Final Friday es un salto importante de cuatro años, un estudio distinto y un desastroso guión que a nadie gustó. Por alguna razón deciden cambiar demasiado el ambiente y New Line falla en su primer intento por distribuir a Jason. En esta entrega, Jason es destruido por una fuerza policial en los primeros 10 minutos. Literalmente. Los restos de Jason viajan a una morgue, y su corazón empieza a latir. El médico forense “consume” a Jason, y es así como empieza una de las películas más frustrantes de la franquicia. Una que rompe los esquemas y no logra nada que no sea el humor incongruente, un héroe improbable, y un villano que no aparece nunca. Si esperan ver a Jason, esta no es la película.

El giro sobrenatural y demoníaco que New Line adopta no es coincidencia ni casualidad. Es el resultado de una lucha de años por resolver un acertijo de cómo revivir al personaje y hacer una película de ello. Lamentablemente este engendro de ideas no tiene la calidad esperada. Nuevamente el espectador se siente engañado por una productora que hasta pone el nombre de nuestro querido enmascarado en el título, y básicamente lo saca de la película. La historia de posesión no funciona. Nosotros queremos ver a Jason. No queremos ver a nadie más.

Me da algo de risa cuando años después, su director empieza a justificar lo que hizo asociando Jason goes to Hell: The Final Friday con el clásico de Sam Raimi, The Evil Dead. Al parecer hasta escenas rodaron, pero por no tener los derechos New Line no podía usar esto. ¿Cómo justificas algo como eso? ¿Cómo juegan con los fanáticos de esa manera? Jason no es un “Deadite”. Jason es Jason, el niño que se ahogó y que su madre lloró, y por eso se vengó. No hay necesidad de esto. Y definitivamente no había necesidad de Jason goes to Hell: The Final Friday. Quiénes me han seguido en esta aventura por Crystal Lake, quedan advertidos.

De Jason goes to Hell: The Final Friday solo rescato su icónico final. Ese en el que se avecinaba la idea original de Cunningham y una que los ejecutivos le pidieron que guardara. Ese hermoso guante aparece, ambos villanos se encuentran allá abajo. Si la idea era generar expectativa, lo lograron.

Calificación: *

Un trailer

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