Crítica cine: Les Misérables (2019)

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Cuando un policía se transfiere a una unidad que lucha contra el crimen en una zona peligrosa de Francia, muchos secretos salen a la luz.

Dirigida por: Ladj Ly.

Protagonizada por: Damien Bonnard, Alexis Manenti, Djibril Zonga, Jeanne Balibar, Steve Tientcheu, Issa Perica, Al-Hassan Ly, Almamy Kanoute, Nizar Ben Fatma, Raymond Lopez, Luciano López, Jaihson Lopez, Sana Joachaim, Lucas Omiri, Rocco Lopez, Zordon Cauret, Steve Cauret, Omar Soumare, Abdelkader Hoggui.

País: Francia.

Género: Drama.

Duración: 103 minutos.

Parece mentira que haya decidido ver Les Misérables en una semana como esta. No se trata de una historia que no hayamos visto antes, ni de un conflicto solucionado de forma sorprendente. Se trata de una iteración excepcional que es imposible dejar de destacar en una realidad como la actual. La razón es: no importa el idioma, no importa el sitio, parece que este problema, este virus, esta plaga letal, es algo tan general que sobrepasa fronteras, edades y colores de piel. El poder de un ser humano sobre todo, y qué pasa cuando ese poder se excede, lo cual parece ser algo nuevo siempre. Una especie de cambio de capítulo que siempre esconde una peor sorpresa.

No es un secreto lo que ocurre con Ladj Ly y su pasado. El director y guionista que tomó a Cannes y dominó la escena, tiene un antecedente escabroso que tiene que ver con lo criminal. Y si bien es difícil separar el arte del hombre que está detrás de esto, no es algo que afecte demasiado el tono que Ly aborda para Les Misérables, su épica visita al suburbio en el que el crimen es un estilo de vida y el poder está en manos de quien lo demuestre. Lo que ocurre en esta película no tiene nada que ver con lo que hizo Ly hace años. Es un retrato de miseria, crimen y autoridad, que hoy en día es realidad.

En una zona peligrosa de Francia conviven distintas comunidades. Desde los gitanos que viajan con sus circos, hasta un gobernador que trata de mantener estabilidad en medio de la violencia casi obligada. Una unidad anti crimen se mueve en estas calles saludando, reconociendo, y hasta siguiendo algunas pautas para poder mantener los límites bien establecidos. Uno de ellos arriba de otra zona y se une al escuadrón que mantiene el orden. Pero ese día ocurre algo terrible. En medio una confrontación alguien sale herido de forma “accidental” y se desata un infierno en medio de edificios devastados, crímenes típicos de lo organizado y el exceso de poder que hemos otorgado a algunos.

Ly coloca la cámara en donde la tiene que ubicar para que la historia se absorba inevitablemente. Su escenario es natural y poco tiene que manipularlo para que la historia se desarrolle. En algunas ocasiones hasta podemos llegar a pensar que hay algo de cinema verité en su estilo. Pero Les Misérables no es solo una historia que sirve como metáfora. Es también una colección de eventos, reacciones y sentimientos de comunidades enteras que deben sobrevivir al destino imborrable que les depara. Una especie de descenso obligatorio a ser víctimas del sistema. Ly arma se guion con un especial cuidado para atender las necesidades de casi todos los estratos que deben convivir en este infierno normalizado.

Y al soltar la cuerda para que el cierre ande por sí solo, el director termina por sentenciar sobre el tipo de película que desea hacer. Una sobre la reacción violenta a la que estamos expuestos. Pero no solo del lado de las víctimas que viven a merced de lo que quiera o no un policía, sino de esas autoridades que deben lidiar con una sociedad que dijo “basta” al abuso de poder y otros derivados.

Calificación: ***1/2

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