Crítica cine: Life with murder (2010)

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El crimen que da sustancia a este filme es tan crudo como fascinante. Desde el principio, no sabemos quien pudo haber hecho que y la sospecha permanente es lo que nos permite seguir viendo la historia sumamente interesante de un monstruo que solo puede ser considerado un humano por el amor que sus padres le tienen.

Dirigida por: John Kastner.

País: Estados Unidos.

Genero: Documental.

Duración: 94 minutos.

Todos hemos conocido una familia misteriosa. Es esa familia en la que todo aparenta estar bien pero en el fondo sabemos que no es así. Van a fiestas, celebraciones, pero en cierto punto notamos como la comunicación es adversa a lo que debería ser. Lo notamos con fascinación y simplemente preguntamos el por qué de esta relación. Cuando crecemos y volvemos a pensar en esa familia nos preguntamos que pudo haber pasado con esa familia porque nunca más volvemos a verlos juntos. La familia retratada en Life with murder es de este tipo. Al menos si no los conocemos y los vemos por primera vez. Su relación actual es tan misteriosa y está tan nublada por su pasado que es imposible creer que entre ellos haya algún tipo de empatía. Sin embargo, por el bien de la película seguimos creyendo que algo puede cambiar. Pero lo que hay es más twists a medida que pasan los minutos, más revelaciones por parte del único hijo que ahora tienen. Life with murder es un documental difícil de ver, no porque en él se revelen hechos terribles sino porque no podemos dejar de imaginar lo que vive esta familia en la vida real, este par de padres a los cuales no les queda otra que seguir creyendo en que su hijo no va a intentar asesinarles.

Pero explicaré desde un principio. Hace más de diez años, Jennifer Jenkins fue encontrada asesinada en el sótano de su casa. Le habían disparado múltiples veces. El principal sospechoso fue su hermano quien huyó de la casa. Siempre afirmó que habían entrado ladrones a su casa y ellos fueron quienes les dispararon a su hermana. Sus padres deciden apoyarle en su inocencia supuesta, pero Mason igual es puesto tras las rejas y condenado a pasar un buen tiempo en la cárcel. A medida que el documental progresa, Mason revela la verdad, la cual es mucho más impactante que el crimen en sí. Solamente puedo decir que si yo fuera el padre de Mason, tendría cuidado de tan solo tenerlo cerca.

Precisamente esto es lo que hace del documental algo fascinante. Mason en algún momento afirma que su intención siempre fue asesinar a sus padres y al utilizar el documental para revelar tan cruda verdad, pensamos que podría ser que sus padres ahora pasen al otro lado y le culpen y lo denigren y simplemente lo abandonen. Pero el amor de la familia al parecer hace que ellos descarten esta información e incluso al saber la verdad sigan apoyando a Mason. Deciden hacerlo y como lo dice un miembro familiar en cámara, así debemos aceptarlo. Incluso cuando se encuentran en una casa aportada por el estado para poder estar juntos, nos da temor que Mason tome un cuchillo e intente asesinarlos. Claro, ya no hay un tema de herencia, y Mason no puede salir libre generando una teoría como hizo con Jennifer. Pero su casa dice lo contrario. La subjetividad de cada espectador juega un papel super importante para opinar sobre el asunto. Por mi parte, digo que Mason es un psicópata. Su cara es típica y su mirada juega entre lo insano y lo calculador. Sus intenciones reveladas con facilidad son clave para poder determinar la verdad de lo que ocurrió.

Acá no hay juicios, ni escenas dramáticas de condenas. Acá solo hay un futuro al cual ver. Mason y su familia son introvertidos por necesidad pero únicos. Solo sus padres son capaces de perdonarles el haber intentado matarles. Pero se nota que su propia madre siempre tiene un ojo puesto en el pasado y en su hijo. Para amarle incondicionalmente pero también para notar si en cualquier momento puede venir con un cuchillo a quitarles la vida.

Calificación: ***1/2

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