Crítica cine: Pandorum (2009)

Cuando dos miembros de una tripulación espacial se despiertan en una nave aparentemente desierta, deben encontrar la verdad sobre lo que ocurrió y qué es lo que se esconde en la oscuridad.

Dirigida por: Christian Alvart.

Protagonizada por: Ben Foster, Antje Traue, Dennis Quaid, Cung Le, Cam Gigandet, Norman Reedus, Niels-Bruno Schmidt, Yangzom Brauen, Eddie Rouse, Andre Hennicke, Friederike Kempter, Asia Luna Mohmand, Delphine Chulliot, Wotan Wilke Möhring, Julian Rappe, Domenico D’Ambrosio, Jon Foster, Jeff Burrell, Neelesha BaVora, Marco Albrecht, Dawid Szatarski, Nico Marquardt.

País: Reino Unido, Alemania.

Género: Ciencia ficción, thriller.

Duración: 108 minutos.

Premiar una idea detrás de un concepto mal ejecutado es algo que no suelo hacer. No se puede sacrificar lo que posiblemente es una entretenida película por mantenerse fiel a un principio, y tampoco podemos omitir aquello que nutre los eventos. Es por esto que Pandorum, más de una década después se sigue sintiendo como una evitable película que simplemente se malinterpretó. Reconozco que en aquella ocasión no había podido soportar esa producción típica de horror y acción, y por eso luego de un desafío interesante de un compañero de trabajo, me di la oportunidad nuevamente. La realidad es que Pandorum funciona como posibilidad pero evitar sus desvíos confusos es prácticamente imposible. Ninguna película debería ser difícil de tolerar y Pandorum es una agonizante propuesta de acción con una interesante historia detrás del filtro de violencia y demasiados props mal utilizados.

Explicaré poco para quiénes todavía no la hayan visto. Dos miembros de una tripulación se despiertan en una nave desierta. Aparentemente forman parte de una misión espacial por medio de la cual los humanos habían enviado miles de personas a otro planeta para colonizarlo luego de que la Tierra empezó a mostrar señales de deterioro e inminente fin. Poco a poco empiezan a recuperar la memoria y se dan cuenta de que deben “arrancar” la nave para terminar la misión. Pero no será tan fácil puesto que cuando uno de ellos decide ir a reiniciar el reactor nuclear que alimenta a la nave de energía, extraños seres amenazan con exterminarlos. Hay algo muy raro en esta nave en la que se sufre de una extraña enfermedad neurológica llamada Pandorum, asociada con la hibernación continua y la pérdida de memoria.

Si algo puede salvar a Pandorum de ser una aburrida iteración de su productor (el famoso Paul W.S. Anderson que creó Resident Evil) es la esperanza de que en algún momento deje de ser una película de acción de escenarios plásticos y demasiada goma como elemento en el mismo. Cuando ocurre (porque sí, su giro finalmente llega en los últimos minutos), Pandorum confirma lo que es demasiado predecible en una de sus subtramas y nos propone la posibilidad de un futuro sin un final hermoso. Es una película que genera una discusión si tan solo alguien lo decide. Cuando reconocemos y admitimos su final, nos damos cuenta de que no es tan lindo como un plano final lo avecina. ¿O es que nadie se imaginó quiénes son esos caníbales con una extraña habilidad para moverse por las paredes?

De presupuestos bajos, y con un Ben Foster que todavía no había sido reclutado para el Hollywood dramático, Pandorum agoniza para contar una historia que no necesitaba tanto enredo o elementos confusos en su trama. El extraño uso de un Dennis Quaid en un solo escenario, el despliegue innecesario de escenas de peleas violentas, y un extraño manejo de lo físico, son algunos de los factores que son determinantes para no salirse de la casilla de lo barato. Pero como alguien me dijo en algún momento, hay una idea ahí que vale la pena. Quizás como clásico de culto funcione en unos años. Pero por ahora se mantiene como una muestra de apariencia cuestionable pero llena de conceptos interesantes.

 Calificación: **1/2

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