Crítica cine: Parasite (2019)

Una familia de desempleados encuentra la oportunidad perfecta de ganar dinero “estafando” a una ingenua familia.

Dirigida por: Bong Joon Ho.

Protagonizada por: Song Kang-ho, Lee Seon-gyun, Jang Hye-jin, Cho Yeo-jeong, Choi Woo-sik, Park So-dam.

País: Corea del Sur.

Género: Drama, comedia.

Duración: 132 minutos.

Por distintas circunstancias, en dos ocasiones posteriores de haber visto Parasite de Bong Joon Ho, me vi obligado a explicar la trama. Fuera de mi disgusto por quienes “cuentan” las películas, no tengo problema en hacerlo mientras haya una advertencia previa y la otra parte esté al tanto. Me causó mucha impresión la facilidad con la que mi boca iba arrojando palabras, y al mismo iba elogiando lo que es fácilmente una de las mejores películas del año. Así como días después de haber visto Parasite, me siento en la capacidad de recordarla con detalle a medida que voy explorando el contexto metafórico y el realista, para lograr la simbiosis narrativa que el director surcoreano buscó y logró. Su historia, ambientada en el conflicto típico de su carrera, hace referencia a un dilema mucho más pristino del que podemos imaginar. Ese que tanta vergüenza causa en Hollywood: la diferencia entre ricos y pobres, y la reaccion de quiénes sufren y gozan de dicha diferencia.

Para quiénes no han visto Parasite, y conocen la carrera de su director, pueden imaginar lo que quiero decir con el comentario social que parece ser el centro de los temas. Pero Parasite es mucho más que la superación hecha carne en el progreso de una familia que llega a circunstancias extremas para poder sobrevivir. Creo que hay más en la conversación interna a la que el director obliga. A pesar de que aplaudimos a nuestras víctimas, sabemos que su causa no es suficiente para aceptar lo que hacen. No son los pobres del sistema. Son las ratas que deciden acabar con el próximo elemento de la cadena que les somete a estar abajo, en el escalón más denigrante.

Dos familias. Una trata de sobrevivir en medio del desempleo y la vagancia. La otra vive en las colinas de los millonarios en una casa gigante, improbable, imponente. Cuando una oportunidad de negocio obliga a un hijo de la familia “pobre” a entrar en la casa de los “ricos” se desencadena un tren imparable de chances para mejorarlo todo. Entre la estafa, y las mentiras, la familia necesitada logra meterse en los gabinetes de una sociedad millonaria tan extraña como ingenua. Sin embargo, en esta casa hay secretos. En una noche de fiesta, cuando esas ratas han salido de la guarida para celebrar el engaño, alguien aparece que cambiará los planes.

Y mucho más no puedo contar de Parasite. Es una experiencia que se vive. Esta comedia con indicios de thriller supone un conflicto tan universal como silente. Bong Joon Ho propone un mensaje sobre lo justo y el castigo. Pero no es necesario indagar demasiado en la interpretación. Acá no hay escenas demasiado largas con preguntas eternas sobre la justicia de quienes menos la merecen y el inminente aterrizaje. Esta es una rápida historia sobre un sentimiento general que el director traduce en su propia versión de “cuando los pobres deciden actuar”. Así como Buñuel presentaba la versión del submundo de los pobres en Los Olvidados, Bong Joon Ho va un poco más allá para personalizar su respuesta en manos de una familia que merece más que el reconocimiento y el dinero. ¿Qué quieren ellos? ¿Cuál es su punto final y hasta dónde llegarán? ¿Quiénes quieren ser?

Probablemente algunos puedan materializar esas respuestas por medio de un final discorde con lo que Bong Joon Ho propone desde el principio. Pero nada puede dañar esa proyección inicial. Una que me lleva a la resolución que prefiero dejar abierta por el bien de esa familia que sí, se denigra a sí misma para poder mantener un status social, pero cuyas acciones entendemos.

Calificación: ****

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