Crítica cine: Richard Jewell (2019)

La historia del héroe detrás de los eventos de terrorismo en Atlanta durante los juegos olímpicos de 1996.

Dirigida por: Clint Eastwood.

Protagonizada por: Paul Walter Hauser, Sam Rockwell, Kathy Bates, Jon Hamm, Olivia Wilde, Wayne Duvall, Dexter Tillis, Desmond Phillips, Nina Arianda, Ian Gomez, Randy Havens, Mike Pniewski, Niko Nicotera, Dylan Kussman, Beth Keener, Billy Slaughter, David Shae, Shiquita James, Deja Dee, Kendrick Cross, Jill-Michele Melean, Mitchell Hoog, David Lengel, Marc Farley, Victoria Paige Watkins, Charles Green, Shawn Weston Thacker.

País: Estados Unidos.

Género: Drama.

Duración: 129 minutos.

Es casi esencial el aterrizaje que Eastwood en su última película. Basada en un hecho real, y poco manipulable a nivel del guion, Richard Jewell es una oportunidad que el veterano actor y director aprovecha para alejarse de ese matiz tan conservador que lo ha cegado en las últimas oportunidades. Acá el escenario es más humilde y sustancioso. Particularmente es una historia que de real tiene bastante y lo que Eastwood “cambia” a su conveniencia no le sale mal. Es una formación de un personaje tan único que en ocasiones cuestionamos que su personalidad sea esa. Pero integralmente, el director nos mantiene entretenidos con un género variante que va desde lo entretenido hasta lo dramático. No nos da tiempo para hacer muchas preguntas.

Los eventos son los ocurridos durante la inauguración de los Juegos Olímpicos en Atlanta en 1996. Richard es un aspirante a policía cuyos intentos han sido infructuosos. Ha navegado por diversos escalones parecidos a los de una fuerza de seguridad. Pero no ha logrado su objetivo. Su objetivo se mantiene latente y participar como cuidador/organizador en un sector específico de la ciudad durante los eventos le mantiene ocupado. Durante un concierto, nota algo abandonado en un banco. Se acerca y se trata de bolso sospechoso. Empieza a alertar a sus compañeros, y cuando estos se dan cuenta de que se trata de un artefacto explosivo. Pero llegan tarde. Explota, y Richard pasa de ser un héroe que evitó muertes para ser un sospechosos. El “cómo” es relatado por un Eastwood que confía en el estilo abordado y en su protagonista. El curioso Paul Walter Hauser en el mejor rol de su carrera.

Aunque Eastwood podriá inyectar realismo en su película dando estadísticas, mostrando filmaciones reales, y adaptando los hechos sobre ese infame y cobarde ataque, el director prefiere enfocarse principalmente en Jewell. Es una película sobre él y nada más. No hace falta que se desarrolle una trama de persecución sobre los villanos reales o sobre quién es más probable que haya hecho esto. Acá se prefiere ridiculizar a una fuerza en particular que se portó demasiado cómoda ante la probabilidad. Richard Jewell termina siendo una víctima de sí mismo, de su pasión, y su expectativa se cae con peso en una escena final conmovedora. Richard Jewell es honesta en ese tratamiento de personajes. A algunos os dibuja con ímpetu de ficcionalizarlos. Pero a otros como Jewell, su madre y su abogado, los mantiene en el perfil bajo de un drama poco exorbitante.

No me parece ofensivo que Eastwood también utilice el humor como método de escape para algunas escenas. Este es un homenaje bien logrado a un hombre que sufrió mucho más de lo que debió. El apunte que la película hace a los medios, como principales contaminantes en una causa, es directo y difícil de omitir. Parece que esto es mucho más importante que la víctimas de un horrible atentado. Este “tema” es retratado a través del personaje de Kathy Scruggs, una manzana podrida en medio de un campo fértil, quien es responsable del lente que enfoca primero a Jewell. Eastwood se excede a veces, y esta es la prueba. Afortunadamente es un daño menor para la película.

Calificación: ***

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