Crítica cine: Still (2018)

Una chica moribunda escapa del hospital donde está siendo tratada por cáncer y llega a una cabaña donde vive una extraña pareja en el medio de la nada.

Dirigida por: Takashi Doscher.

Protagonizada por: Madeline Brewer, Lydia Wilson, John Andrew, Mark Ashworth, Elizabeth Becka, Nick Blood, Diesel Madkins, J. Benedict Larmore, Greg Maness, Bryan McClure, Kevin Wayne.

País: Estados Unidos.

Género: Drama, suspenso, fantasía.

Duración: 105 minutos.

Con una película como Still, estoy completamente seguro de que alguien entiende su concepto de principio a fin y podría defenderla. Algo como esto no se filma sin una confirmación por parte de quienes tienen una idea clara y saben cuál será el resultado. El problema, tan básico que es increíble, es la inconsistencia del tono de la película. Esto lastima de forma irremediable lo que podría ser una buena fábula de ficción, una que contiene múltiples caminos y géneros, y definitivamente una que podría haber sido mejor. Still es una de las pocas películas que he visto recientemente que sufre por arrogancia de su propia premisa. A veces hay que tomarse el tiempo de respirar, y dialogar de forma interna. El cuestionamiento que resulta puede obligar a tomar mejores decisiones. Al menos unas que tienen más lógica que el tercer acto de Still, una de las decepciones recientes en Cinelipsis.

Increíblemente en Still, su factor más poderoso y uno que definitivamente es crucial para la trama, es revelado en los primeros segundos de la película. Esto nos obliga a pensar que quizás el director debía haberlo pensado mejor y “aprovecharlo” como un twist, truco al cual estamos acostumbrados los espectadores y uno que apreciamos mucho cuando tergiversa el género tratado desde un principio. Pero no. En Still nos enteramos rápidamente de que la pareja que atrapa a una pareja de excursionistas, provienen de una época más antigua. En los primeros minutos de metraje, dos hippies se cruzan con una mujer que transporta agua, y la pareja de esta mujer se los lleva muy lejos. Segundos después en los créditos vemos sus caras en anuncios de diarios de un siglo atrás. No han envejecido absolutamente nada. Luego a esta cabaña llega una mujer que ha escapado del hospital en donde se le está tratando de cáncer. Ella será la piedra que se interpone en el camino de una pareja que esconde un secreto sumamente valioso y que han logrado proteger siempre.

Pero no soy alguien que cuestiona este tipo de películas que lo revelan todo demasiado temprano y después montan un aparato dramático sin sentido. Still podría haber funcionado manteniendo un tono y un concepto en un conflicto que de por sí, ya tenía valor. Pero la película nos obliga a pasar por múltiples finales falsos y cambios en la trama que resultan desastrosos para la congruencia que se arma a medias desde un principio. En Still hay una exagerada confianza en ese “dispositivo” de fantasía. Pareciera que creen que todo podemos soportarlo y no podemos hacer una pregunta sencilla.

Ejecución pobre y guion poco analizado. En Still se mezclan diversos géneros para brindarnos varias historias de amor, decepción, y un interminable flashback que era prácticamente innecesario. Hay cosas que no se tienen que justificar. Los personajes más interesantes de Still son esos que sufren la visión de un director que se esmera en hacernos entender el origen de un dilema, pero no de una fuente que da vida eterna. Podría no ser relevante y ahí dejaríamos pasar todo. Pero esta vez sí, sino ¿cómo hacemos para justificar la existencia de otros personajes que son tan desagradables que no entendemos la necesidad de que estén ahí?

Calificación: *1/2

Un trailer

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