Crítica cine: Testigo de otro mundo (2018)

Juan tuvo un “encuentro cercano” cuando era solo un niño. Este documental explora el evento así como el trasfondo espiritual del evento y el hombre detrás del testimonio.

Dirigida por: Alan Stivelman.

País: Argentina.

Genero: Documental.

Duración: 78 minutos.

Debo admitir algo antes de escribir sobre Testigo de otro mundo. Considero que es una película completa, bien hecha, y muy particular, considerando que viene de una parte del continente que no es rica en documentales que aborden temas como este. Creo que su director tiene una carrera prometedora por delante, si tan solo mantiene el tono como el que utilizado para esta película.

Pero no estoy completamente de acuerdo con lo que la película desarrolla para justificar lo que le ocurrió a Juan Perez. Creo que son dos temas que poco pueden conectarse. Y aunque Stivelman logra de alguna forma que su personaje encuentre paz en lo que le propone, pierde algo de lógica que la película se promueva como la exploración de una investigación del encuentro cercano. Juan Perez es un hombre común que, con ayuda de un visionario director, encuentra explicación y propósito en esa propia cultura que nunca pudo explorar por cuenta propia. Y es de esto lo que trata la película. El encuentro cercano parece hasta secundario con lo que Stivelman logra en Perez. Una transformación de ser un hombre solitario, carente de finalidad, a ser un miembro brillante de una familia que siempre debió haberlo tenido en cuenta.

Saliendo de esa primera afirmación, quiero que se entienda bien que Testigo de otro mundo es una admirable solución propuesta por Alan Stivelman, el joven director argentino. Al estilo de Nick Broomfeld, Stivelman se mete en sus películas, como un testigo adicional de los eventos que expone. No es rudimentario como Broomfeld, es tan profesional que es inevitable querer ver otra de sus películas. Y es importante el trabajo de análisis revelatorio que logra cuando nos propone escuchar el lado “profesional” de los hechos, cuando en Testigo de otro mundo aparece el famoso Jacques Vallée, quien estuvo durante los eventos que marcaron a Juan décadas atrás, y acá regresa al punto de partida. Pero Stivelman no recurre al documental como el imparcial foco de duda para el espectador. Con Vallée entabla una conversación sobre el joven gaucho, y los efectos de lo que le ocurrió. Nunca duda de que lo que le ocurrió a Perez es real o no.

Y en este momento Stivelman se transporta al mundo de la cultura indígena de la que proviene Perez de forma ancestral. Es un cambio importante que no se conecta demasiado con lo sobrenatural y confirmado del discurso de la película. Pero otorgar a Perez esta reflexión automática es algo que prácticamente agradecemos a Stivelman. No es un director que utiliza su película como escrutinio, la utiliza para darle voz a quien no tuvo nunca un medio que expusiera su teoría de forma honesta, y no mediática.

Me esperaba otra cosa con Testigo de otro mundo. No creo que sea un secreto que su título, sus primeros minutos, avecinan algo distinto a lo que termina siendo. Pero no puedo dudar de la tranquilidad que la película genera con su postura respecto a la honestidad de Juan. Esa secuencia de la hipnosis de la cual se habló en los medios, se siente como una pieza no esencial. Al menos Stivelman no incluye en su película esa anécdota extraordinaria en la que todo su equipo se durmió durante la filmación de la escena. Se traduce en una decisión respetuosa de la integridad de un cuento fantástico que no todos creerán, pero que tampoco alguien puede negar.

Calificación: ***

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