Crítica cine: The Breakfast Club (1984)

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El clásico del “coming of age” sobre cinco chicos muy diferentes encerrados en su escuela durante un castigo común.

Dirigida por: John Hughes.

Protagonizada por: Emilio Estévez, Judd Nelson, Ally Sheedy, Anthony Michael Hall, Molly Ringwald, Paul Gleason, John Kapelos, Perry Crawford, Mary Christian, Ron Dean, Tim Gamble, Fran Gargano, Mercedes Hall.

País: Estados Unidos.

Género: Drama.

Duración: 97 minutos.

Hay películas a las que solemos regresar por casualidad. Son esas que vemos en la televisión, y aunque estén empezadas las dejamos reproducir porque sirven como un buen fondo para lo que sea que estamos haciendo. Casi siempre son las mismas. Y de esto no tenemos que avergonzarnos nunca. Repetimos las palabras, ya nos sabemos de memoria lo que ocurriría y podemos lanzar un vistazo cuando viene algo que nos gusta.

Pero también tenemos películas a las que buscamos regresar. Con una firmeza honesta y seguridad de poder alojarnos en tan solo un rato de tranquilidad. No necesitamos la enseñanza que nos dejó esa película. Solo necesitamos recordar lo que nos hizo sentir y reafirmar el cariño que tenemos por personajes imperfectos, adorables, y tan humanos que podrían ser cualquiera de nosotros ahí en la pantalla. The Breakfast Club es una de esas joyas cuya belleza sigue reluciendo después de décadas.

John Hughes realiza The Breakfast Club con la seguridad de un cuentacuentos que nació para ello. Él era ese director/escritor que entendía a la generación que quería entender y podía traducir perfectamente el sentimiento en una película. The Breakfast Club es su obra maestra y una que no tiene escrúpulos a la hora de sentenciar lo que quiere contar. El “teenage angst” y las consecuencias de la cultura escolar. Las víctimas del sistema. Y el encuentro honesto entre todas las verdades de sus elementos. Esta es la historia de cinco adolescentes que se encuentran en medio de un castigo del sábado, mejor reconocido como detention. A merced de un iracundo “supervisor” que les hace la vida imposible, y a merced de una explosión honesta de sentimientos. Este sábado tendrá como resultado un grupo rediseñado por las palabras dichas en la cara, la admisión de culpa y la necesidad de seguir adelante sin tener que convertirse en adultos.

La conversación que Hughes genera trasciende cualquier estereotipo. Pero el director diseña sus mejores piezas con un fondo no tan particular. El criminal, el atleta, la popular, el nerd, y la rara. Los ubica en un círculo dinámico de revelaciones y conversaciones que van desde el quiebre de estándares, hasta confesiones donde los secretos son peligrosos pero reales. Hughes confirma que su visión era avanzada para la época. Pero no se trata de algo innovador. Se trata de la voz que otorga a todos en un nivel equitativo. Acá en este castigo no hay ganadores ni perdedores. Hay solo una preocupación general por no convertirse en una versión madura de sí mismos. No quieren convertirse en su peor frustración. Creo que todos saben a qué me refiero.

Pero el director tampoco realiza una versión profunda de un conflicto reconocido. Simplemente hace las cosas a su manera e imprime una rapidez para solucionar un reflejo distorsionado de la verdad que siempre imaginamos. Es difícil imaginar como el director logra tanto en tan solo 97 minutos de discusión. Y esto incluyendo secuencias musicales. No es difícil concluir en quién es el destinatario de la película. Tal vez Hughes la hace para sí mismo. Pero lo que resulta inevitable es aceptar que Hughes también hace una película para todos. Porque todos vivimos eso de lo que los chicos hablan en esa secuencia hermosa en la que todos echados en el piso, dialogan con sus horribles verdades. Absolutamente todos sentimos eso en algún momento.

Calificación: ****

Un trailer

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