Crítica cine: The Devil’s Doorway (2018)

Un par de sacerdotes van a una institución liderada por monjas para investigar un fenómeno en el que una estatua llora, y tiene lágrimas de sangre.

Dirigida por: Aislinn Clarke.

Protagonizada por: Lalor Roddy, Ciaran Flynn, Helena Bereen, Lauren Coe.

País: Reino Unido, Irlanda.

Género: Horror.

Duración: 76 minutos.

Cada vez el cine intenta menos sorprendernos. Una película como The Devil’s Doorway hace mucho tiempo hubiese representado una magnífica oportunidad para un guionista para formar un universo complejo y ambientar una película en el mismo. El uso del “found footage” hubiese sido usado para componer la atmósfera del pavor detrás de “algo real que se filmó”. Pero el cine actual es conformista, y The Devil’s Doorway se mantiene dedicada al susto del evento. Lo que existe detrás de lo que vemos no es relevante y el espectador termina recibiendo poca información sobre el origen del todo. Me encantaría saber si los 76 minutos del metraje final fue lo único que se filmó. Acá definitivamente falta algo.

The Devil’s Doorway viaja a una especie de orfanato/convento en el que un grupo de monjas cuidan a “chicas con problemas”. Desde enfermas hasta quienes tiene problemas con la ley, todas llegan a este sitio para “trabajar” y ser sirvientas de un grupo bastante radical. En este sitio ser manifiestan eventos con una estatua que llora sangre. Un par de sacerdotes se dedicarán a pasar unos días ahí, documentar los eventos, e investigar lo que parece ser un fraude bien hecho. Uno muy escéptico y el otro bastante abierto a posibilidades. Lo que al principio parece ser un estigma en una estatua se convierte en un espanto general que mucho tiene que ver con una chica que las monjas mantienen escondida en un sótano. Las razones son poco claras. Y cuando The Devil’s Doorway podría alimentar su trama para plantear lógica a la resolución, nos topamos con un enredado final que culmina en desastre sin explicación.

No hay razones que puedan justificar lo que ocurre en The Devil’s Doorway y su extraño camino. En ocasiones parece ser una película de fantasmas, luego pasa a ser una película sobre exorcismos, y luego hay un indicio de que uno de los sacerdotes tiene un pasado relacionado con este enigmático sitio. Y aún así, ensayando con distintas posibilidades (algunas de ellas válidas), no resuelve con ninguna y nos somete a un jump scare final que nos confirma la poca sustancia de un guion que no debería existir. Si en algún momento The Devil’s Doorway fue un proyecto de principio y fin, con un objetivo definido, eso se desvaneció en favor de una curiosa decisión por resaltar el miedo y no lo que está detrás del mismo.

Pero detrás de esto hay alguien que toma decisiones y se basa en un producto ideal. Es algo que se escribe primero antes de filmarse, y pasa por cadenas de aprobación de gente que conoce del rubro. The Devil’s Doorway parece haberse saltado todas estas instancias para ser un capricho mediocre de alguien que pensó que esto podía ser efectivo. Es sorprendente como se trata de tres guionistas que llegan a este resultado. Y cómo alguien no se da cuenta en post producción que hay demasiadas preguntas generadas y poco tiempo dedicado a responderlas. Es imposible dejar de llevarse las manos a la cabeza para tratar de entender el desastre detrás de la producción. Cuando ruedan los créditos parece casi un respiro necesario. Esta tortura de película dura 76 minutos y eso es demasiado.

Lo único bueno de esto es el poster. No hay nada más que se pueda rescatar de The Devil’s Doorway.

Calificación: *

Un trailer

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