Crítica cine: The thin blue line (1988)

Documental que llevó a la fama a Errol Morris, en el que se analiza un homicidio de un policía por el cual se acusa a un hombre que afirma ser inocente.

Dirigida por: Errol Morris.

País: Estados Unidos.

Genero: Documental.

Duración: 103 minutos.

No es un secreto que los documentales son mi género favorito (no es el horror, como todo el mundo cree). Con ellos se hace una analogía a la estatua de la justicia ciega: los argumentos presentados son válidos porque simplemente se les da la oportunidad de mostrarse en pantalla. Si bien el resultado frecuente es la subjetividad condenable de muchos, es también una realidad que algunos casos son difíciles de objetar. En los casos de documentales de crímenes, la cosa se pone más difícil. Trabajamos como un jurado en un juicio en donde tenemos el poder para salvar o matar a quien se acusa. Es un trabajo que me tomo en serio cuando “sobre” analizo un documental. A veces me cuesta mantener la cordura y poder decir que lo que veo es un documental y solo debo evaluar la propuesta cinematográfica. Otras veces me libero y simplemente opino de lo que ocurre.

The thin blue line es un documental dirigido por el controversial Errol Morris, que va sobre un caso de asesinato de los años 80 en el que un hombre fue erróneamente condenado a pena de muerte. Lo interesante no es que Morris filme, sino que su trabajo va más allá. Para entender debemos saber un poco más de sobre cómo se hizo la película. Morris al principio iba con intención de hacer un documental sobre el Dr. James Grigson, mejor conocido como Dr. Death. Se le conocía así porque era el consultor psiquiátrico de los condenados a muerte y a todos les diagnosticaba como mentalmente sanos para que fueran ejecutados. Pero Morris conoció el caso de Randall Dale Adams, quien proclamaba ser inocente. Al conocer las circunstancias del caso, Morris actuó como principal promotor de otro juicio de Adams, dando como posible culpable a quien le acusó, David Harris. El resultado es que Morris filma con precisión el declive de un caso que no tiene mucha lógica. De hecho logra algo sin precedentes para demostrar la inocencia de Adams. Quienes no deseen saber, no sigan leyendo el párrafo. David Harris confiesa de forma macabra que fue él quien cometió el crimen.

Lo que es bueno de la película es que siempre el caso se muestra como un posible juego entre lo posible y lo probable. Morris muestra toda clase de testimonios y con una serie de entrevistas con preguntas capciosas, logra la atención del espectador. Muestra que quienes cometieron perjurio al dar como testimonio que vieron a Adams cometer el crimen, son unos perfectos monstruos en un sistema de justicia que muchas veces logra verse como perfecto pero otras veces es absurdo. Y es que es así como Morris logra que se adjudique el caso a la inocencia probable de Adams; mediante la clara muestra de hechos que quitan credibilidad a quienes quedaron como estrellas del juicio.

No es un documental como cualquier otro. El director intercala escena de testimonios con recreaciones de la noche infame en la que un policía fue asesinado. Lo cinematográfico del asunto es que Morris nunca suelta su batuta de cineasta y presenta un caso de la vida real como un perfecto hecho ficticio y lo adorna de similitudes con hechos famosos. Con la repetición de escenas y efectos de sonido y un soundtrack apropiado, el director capta el método idóneo para poder filmar un filme serio pero lleno de diferencias con lo normal de la justicia.

Si pueden buscarlo, háganlo. No se arrepentirán. Al principio se reirán por la injusticia y la actitud de ciertos personajes. Pero al final quedarán helados de miedo con la verdad.

Calificación: ***1/2

Un trailer

Leave a Reply