Crítica cine: The War Room (1993)

Documental que revela la estrategia de la campaña política de Bill Clinton en el 1992.

Dirigida por: Chris Hegedus, D.A. Pennebaker.

Año: 1993.

País: Estados Unidos.

Genero: Documental.

Duración: 96 minutos.

Las campañas políticas siempre se han caracterizado por ser un juego sucio durante el cual todo se vale. Bien sea al frente o detrás de las cámaras. El hecho es que siempre hay formas de debatir y siempre hay formas de atacar. Lo trivial del juego es que todo está encapsulado y las reglas existen pero nadie las conoce. En la democracia aparente y perfeccionada de EEUU, las campañas políticas son determinantes ya que en estas se llega a la población con hechos y publicidad. Los políticos en este país parecen trabajar. Parece que no están en campaña política todo el tiempo. Pero cuando llega el momento de hacerlo contratan a los mejores para que lideren y sean los emblemas estratégicos de un juego sin reglas en el que están obligados a ganar. No hay pasos en falso ni casualidad. Aquí se vive el destino y la victoria. Hay personas que viven para esto. El documental The War Room muestra la vida de dos, George Stephanopoulos y James Carville, quienes pasarán a la historia como máquinas determinantes de la campaña presidencial de Bill Clinton del año 1992.

Desde el principio sospechamos que veremos un simple homenaje a Clinton, cuando lo muestran en  un momento íntimo en el que no tiene preocupaciones aparentes. Todo parece estar bien con él. Pero rápidamente pasamos a la declaración de Gennifer Flowers donde indicaba que era amante del candidato. Inmediatamente empieza la campaña fascinante en estilo y ritmo. La cámara desenfoca a Clinton y a su carisma y se centra en mostrarnos la labor de Stephanopoulos y Carville. Uno más joven y el otro un experto. Pero ambos los apropiados para poder salvar el proceso. Durante todo el documental la cámara no sale de ese cuarto hermetizado que almacena las estrategias para mantener el aura de Clinton intacto y al mismo tiempo para ver como se puede atacar. El título es irónico (El cuarto de guerra), pero hay más verdad en este título que en cualquier discurso de un político que afirma ser limpio. Hasta Clinton cae en este hoyo.

Si bien el ataque se nota agresivo desde cualquiera de los dos lados, hay una realidad que no podemos dejar de ver y es el mayor valor de la película. Sigue siendo un juego. Importante pero lleno de fallas y posibilidades. Quienes mejores juegan son quienes salen victoriosos. En una escena increíble, ambos representantes juran su devoción a su trabajo. No juran devoción a Clinton ni a ningún candidato pero si juran su máxima dedicación a sus objetivos. Carville con lágrimas en sus ojos se nota cansado, y satisfecho. Ambos dan gracias y siguen adelante. Es muy irónico que Carville años después se casara con Mary Matalin, quien fuera su contrario en la campaña de George Bush; Matalin en una escena crucial canta ante las cámaras y muestra confidencia y demuestra que todo es válido en esta batalla.

El documental sufre de cierta monotonía y falta de presencia del público. Si bien la campaña es para la gente, es válido lo que la misma gente puede pensar a lo largo de la guerra. El cambio de opinión es lo que hace que un presidente gane. En mi opinión, hay carencia de sustancia de este lado. Los directores olvidan al sector, y se centran en la estrategia que Carville planifica a medida que pasan las horas en su oficina.

Para quienes hoy votan en EEUU, es un documental apropiado. Para mis compatriotas (porque SI, son compatriotas) venezolanos, les digo que la utopía que sentimos al ver este documental es porque definitivamente no vivimos en sociedad democrática. Lamentablemente ahora es que nos damos cuenta de que la campaña política es una farsa.

Calificación: ***

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