Crítica series: The Trials of Gabriel Fernandez (2020)

Un testimonio de cuán baja la naturaleza humana puede llegar a ser.

Dirigido por: Brian Knappenberger.

País: Estados Unidos.

Género: Documental.

Duración: Seis episodios.

No hay forma de explicar lo que le ocurrió a Gabriel Fernandez durante el transcurso de su corta vida. No hay una forma de justificar con la cara seria y con un semblante de objetividad, que lo que le ocurrió fue algo que se puede diagnosticar con cualquier análisis psicológico de quiénes protagonizaron los hechos. Cualquier intento termina en el silencio absoluto, la dureza de una expresión y la rabia contenida por la sencilla naturaleza que nos caracteriza. El niño, ese ser inocente que a nadie hizo daño, fue asesinado de la forma más horrible y más planificada que puede existir. No hay documental, no hay juicio, y no hay razones para evitar pensar que Gabriel es una víctima del sistema, de la actualidad, y de una sociedad que falla con frecuencia para proteger a quiénes más lo necesitan. Queremos, y es absolutamente normal, que quiénes le hicieron eso, sean castigados con toda la fuerza de la justicia.

The trials of Gabriel Fernandez recolecta la información en unos pocos capítulos de extrema dureza y franqueza. Ejecutados con absoluta vehemencia, y con un constante llamado de respeto al chico, estos capítulos nos llevan a un viaje corto e intenso por lo que fue el juicio de los asesinos. Soportar es sumamente difícil. Superar la primera entrega es algo que no todos lograrán.

Producido por Netflix y adoptando un estilo de true crime bastante respetuoso, The trials of Gabriel Fernandez comprende una absorción necesaria de los hechos, con testimonios de todos los involucrados y una permanente necesidad de recordarnos de que esto se pudo haber evitado. No se trata de atacar a los asesinos, se trata de una reacción prácticamente inexistente del sistema que debía proteger a Gabriel. Si a alguno le causa indignación ver cómo Gabriel en las fotos se nota lastimado, hay algo peor, y es ver cómo otros culpables son víctimas de una circunstancia y nada más. Si hay justicia necesaria es la aparición de una serie como esta, que seguro los expone y los deja en ridículo como siempre deben permanecer. A veces los monstruos no son solo los que aparentan serlo. Esta es la prueba.

Es imposible mantenerse alejado de cualquier reacción personal que uno pueda tener al terminar la serie que expone la infamia que rodea al caso de Gabriel Fernandez. No hay forma de evaluar la situación y mantener la cordura. Y aún así, estamos obligados a mantenernos pendiente de una causa que no se termina. Como una moraleja directa y necesaria, el cierre de la serie nos lleva por un caso parecido y que no representa algo menor. Una especie de promesa de secuela de un documental que definitivamente no debería existir, porque este tipo de casos no deberían ocurrir.

Ya es muy tarde. No mucho se puede hacer por Gabriel, excepto exponer su caso y evitar que cosas así sigan ocurriendo. El documental es bastante insistente con este mensaje por lo que en él abunda un sentido de optimismo, y esperanza. Porque al final siempre hay luz. La negligencia es demostrada una y otra vez, y quizás en algún momento se sienta como una tortura. Quizás hay momentos en los que la serie reabre una herida inevitablemente empezó a sanar. Pero no me cabe duda de la fuerza que este tipo de contenido genera. Es necesario verlo, entenderlo y sobre todo, actuar. No seamos como los otros culpables del caso que se salieron con la suya y son “libres”.

Un trailer

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