Especial: Efectos especiales. ¿Ilusión o Espectáculo?

Un humilde repaso al propósito de los efectos especiales en el cine, los cuales han sido malinterpretados por demasiado tiempo.

Desde hace un tiempo estoy pensando en escribir algo en relación a efectos especiales y su evolución a lo largo de los años, tanto en ejecución en cine comercial, como en consideración para calificarlos durante temporadas de premios. De hecho, lo primero que armé fue un esqueleto de una lista con los principales fallos a la hora de premiar efectos especiales porque tenía una leve noción de que se había premiado a lo que no era lo mejor. Poco recuerdo y poco registro de los Oscars, así que admito que me equivoqué. Cuando revisé las listas y me fui hasta los años 80, cuando hubo una revolución con Industrial, Light & Magic, me di cuenta de que generalmente quienes evalúan aciertan. Y quizás no se trata de los mejores efectos visuales. Quizás se trata de recursos técnicos que nos permitieron creer que algo estaba ahí, y no lo estaba.

Por eso gestioné un giro para el post.

Recuerdo durante mi infancia que tenía una fascinación con los efectos especiales. Mi obsesión se desprendía de un fervor por el cine de Spielberg y sus allegados. El directos no permitió soñar en múltiples oportunidades con naves espaciales, seres de otros planetas, y uno de sus buenos amigos nos llevo a galaxias lejanas en las que había robots inteligentes y sables de luz. Crecí en los 80 y mis primeras imágenes del cine estan marcadas por experimentos que salieron muy bien. Exploré y aprendí sobre efectos especiales. También formé parte de la generación que vio cómo las computadoras se adueñaban del rubro y permitían lo que era imposible de lograr.

Pero analizando bien ese contenido, creo que hubo un exceso en algún momento muy difícil de definir. Uno en el que una película podía ser mejor y peor que otra, basándose únicamente en efectos especiales. La madurez con la que vi la situación era pobre. Era un chico al que no le interesaba mucho, y solo iba al cine a sorprenderse cuando aparecía algo de vanguardia y no logrado antes. Pero esta no es una clase de historia sobre la evolución. El post es una pregunta en sí, una que no se formula lo suficiente, pero que es bastante importante en medio de una industria exagerada en cuanto a efectos especiales y que ha formado franquicias basándose en algunas de esas herramientas.

¿Cuándo los efectos especiales son buenos?

¿Es cuándo lo que está en pantalla conforma “ruido” visual?

¿O es cuándo nos pemiten ver algo imposible de existir?

Podría enumerar decenas de ejemplos de lo primero. Pero recuerdo en alguna secuela de Transformers cuando no entendía que ocurría en la pantalla. Era tanto lo que se me mostraba que era imposible definir en medio del movimiento y los sonidos mezclados de forma poco uniforme. Meses después hice el experimento y vi esa escena nuevamente. La detuve en ocasiones y tampoco llegué a entender. Michael Bay es el típico director que cree que más es mucho más. Y ahí se pierde la posibilidad de apreciar un “render” que es carísimo, y virtuoso.

Pero vamos al otro caso. Ex Machina, una propuesta visual de calidad impecable y que rompió las expectativas cuando se llevó el premio principal en el año en el que Mad Max Fury Road destrozaba la noche de Tinseltown. Quizás en una primera instancia la historia te conquista de forma irremediable, pero si tienes la oportunidad, obsérvala. Ahí entenderás cómo fue premiada. Nos hicieron creer en algo e hicieron que nos olvidáramos del escenario. En esa pulcra propuesta se aloja la principal razón por la cual DEBEN existir los efectos especiales. No para ver cómo el Titanic se hundió (también ganadora en su año), sino para revivir a los dinosaurios y ponernos frente a una muerte segura.

Quizás esté contradiciéndome y quizás necesito saber más del cómo. Pero soy un espectador y no creo que haga falta explicaciones sobre lo que debo sentir cuando veo algo majestuoso en la gran pantalla. El ejemplo de Gravity es clave. Es una obra de arte que reformula las bases técnicas de las películas en el espacio. Pero también es un drama que no depende demasiado de si lo que se ve parece real o no. Nuevamente se presenta una película en la que nos olvidamos de las pantallas verdes y las tomas múltiples. Pareciera que este es el objetivo, y si es así, pues bienvenido sea el cine que permite que naveguemos en una nave espacial sin darnos cuenta. O que veamos los seres de otro planeta cuya personalidad es “mejorada” por un buen técnico de efectos especiales.

Haciendo referencia a cómo era el post al principio, quiero insistir en la opinión sobre cuándo se equivocaron en el Oscar a mejores efectos especiales:

1995 – ¿Cómo Babe gana y no Apollo 13?

1998 – El año de los no nominados. No son consideradas Saving Private Ryan, Dark City, Snake Eyes, Pleasantville. Y gana What Dreams May Come.

2000 – Gana Gladiator sobre Hollow Man. Inexplicable.

2001 – 2003 – Lord of the Rings destroza por tres años. Y Pirates of the Caribbean: The Curse of the Black Pearl se olvida.

De lo que ocurres después no pretendo escribir mucho. Solo que me alegra que el club de Marvel haya sido omitido porque con la excepción de Doctor Strange, y Guardians of the Galaxy, sus efectos especiales son poco valorables.

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