Especial: El 2019 en series

Un repaso del 2019 en materia de series de televisión.

Mi objetivo principal no son las series de televisión.

Sin embargo, dedico bastante tiempo a ellas y a temporadas interminables con capítulos de duración típica de una película. La calidad de las mismas me sigue deslumbrando y en ocasiones reconozco un valor de producción mucho más ambicioso que del cine. Y un cuidado al detalle y calidad que hacen que mi tiempo valga la pena. Es importante destacar que a pesar de esto, el 2019 lo dediqué más al cine en general, a diferencia de un 2018 que estuvo marcado por maratones de series.

En la última década creció exponencialmente esta industria y esto se nota en los productos finales. Espero que siga ocurriendo. El 2019 se vio marcado por factores importantes en el formato. El cierre anunciado de muchas franquicias, otras que comprobaron que ya deben terminar, y un desarrollo magnífico de las casas de streaming que apuntaron gran presupuesto a las producciones propias y otras de las que vimos sus respectivos nacimientos (Disney+ no ha sido un ejemplo a renombrar por la poca capacidad que he tenido de probarlo pero el poco contenido es más que suficiente para darle una mirada). Esto comprendía un set importante de series disponibles, y aun así el 2019 no fue un año notable en materia de series. No fue el mejor de lo que va de industria dramática. Mucho se culpa al cierre de ciclos y a una industria que parece creer más en lo políticamente correcto que en las historias válidas a contar. Pero no todo fue malo. Hay algunas joyas en este año que recién cerró.

Este es mi pobre resumen de lo que pude ver en series sin ningún orden específico:

  • Watchmen confirma que las visiones distintas pueden llegar a ser más relevantes que aquellas a las que estamos acostumbrados. Una reimaginación de la novela gráfica que nos llevaba por un país diferente, con consideraciones diferentes y un final anti épico y más personal. Regina King es una joya universal. Éxito absoluto para HBO.
  • The Crown regresaba con un cambio interesante en sus actores principales y aseguraba el status generado desde el inicio. Con una tercera temporada más débil de lo habitual, Netflix nos regalaba un requisito más que eventos interesantes.
  • Marianne es la serie de terror del año para muchos. Hasta King la elogiaba como una colección hecha a su estilo. Poco entendí el hype de lo que fue una repetitiva alusión a los demonios internos de una autora de libros que se reencuentra con personajes que ella misma creó. Ella es uno de los personajes más desagradables que vi en el año.
  • Conversations with a Killer: The Ted Bundy Tapes nos permitía ver algo que no sabíamos que existía. El contacto con uno de los asesinos en serie prolíficos y que se proyectaba como un ser humano enfermo a través de conversaciones grabadas. Este documental es más un aporte que una muestra relevante.
  • Finalmente me sentaba a ver Cobra Kai y recuperé el tiempo. La nostalgia hacia presencia y me permitía disfrutar de una serie mala que termina siendo emocionante. Es un placer culposo que no admitirá vergüenza y solo permitirá recordar con orgullo el cómo fuimos dominados por el deporte en un filme que parece perdurar sin ningún tipo de sentido.
  • Unbelievable nos presentaba tres performances sorprendentes en un drama de investigación de calibre altísimo de producción a lo Netflix, pero con un tono resolutivo distinto, original y orientado a la catarsis sobre el abuso sexual.
  • Chernobyl de HBO confirmaba por qué la cadena reina en el ámbito del drama. La dedicación y cuidado al detalle fue el elemento clave para que este drama histórico resaltara en medio de finales esperados de otras series.
  • What/If de Netflix fue una decepción de principio a fin. Una idea mal ejecutada que se proyectó como el placer culposo del catálogo de Netflix. Es inexplicable lo mediocre que es. Parece una broma de mal gusto.
  • La continuación de Luther bajaba el tono habitual de la serie y servía para un mero seguimiento del personaje. Cerrando ciclos, y abriendo ningún conflicto, esta vez el detective pasó desapercibido.
  • La tercera temporada de Goliath nos llevaba a un conflicto lejos de la zona de confort pero que no resaltaba sobre las temporadas pasadas. El abogado está cansado y esta vez se nota. Villanos de alta calidad y conflictos de poca relevancia.
  • The Family en Netflix abría la ventana a una sociedad secreta bastante interesante en las altas esferas del gobierno de Estados Unidos, pero lamentablemente la serie no hacía mucho con el contenido. Una presentación solemne que daba pie a absolutamente nada interesante.
  • Game of Thrones culminaba la racha de éxito con polémicas decisiones, un final débil, y demasiada fanfarria. Nunca fui el mejor fanático pero creo que su última temporada era lo que mejor podían hacer considerando el rabioso y dañino fandom.
  • Leaving Neverland en HBO alimentaba el fuego de la vida paralela de Michael Jackson y nuevamente reanimaba la sensación general de que Michael no fue el hombre que todos imaginamos que era. Trágico, triste y soberbio documental que deja perplejo a cualquiera.
  • The Act mostraba el extraño caso de ese síndrome de Munchausen por Proxy que tanto dio de que hablar cuando el documental original fue estrenado. Joey King en el rol de su vida confirmaba que no es solo una cara bonita.
  • The Confession Killer fue repetitiva y aburrida como la propuesta de Netflix para esclarecer el caso de Henry Lee Lucas y sus confesiones falsas. Poco se puede indagar después de su primer capítulo.
  • Stranger Things 3 renovaba mi fe en la serie. Mejor escrita, y con personajes más maduros, la serie nos presentaba un conflicto distinto al habitual y nos ubicaba en un plano inteligente de nostalgia, con más alegoría y menos ataques directos de neón.
  • Don’t f*ck with cats es la serie documental que marcó mi 2019. Una extenuante colección de hechos que cambiaron mi forma de ver la viralización como algo relativo. Es increíble lo que se logra con tres episodios.
  • Big Little Lies cerraba con una segunda temporada que confirmaba el status de sus actrices principales (como si lo necesitaran). El seguimiento de los hechos no es un thriller, es un drama de grandiosas actuaciones y mucho poder femenino.
  • Creepshow nos brindaba una producción buena en ocasiones y en otras un tono de comedia que no termino de aceptar. Lo mejor está en el primer segmento de su primer capítulo. El resto es poco defendible.
  • The Handmaid’s Tale nuevamente nos transportaba a Gilead y a un conflicto demasiado pesado para seguirlo. Esta vez nuestra heroína está mucho más preparada y la atención se desvía de ella para darnos un vistazo más general de la situación. Fue una temporada para cumplir el requisito informativo.
  • The Disappearance of Madeleine McCann generaba más dudas como era esperado. Es triste lo que ocurrió y sin poder esclarecer mucho, la serie se deslizó hacia el olvido rápido. Quizás hubiese sido mejor hacerla en un par de años.
  • The OA presentaba el arriesgado juego de lo meta más meta que se pueden imaginar. Sumamente confusa, emocionante y rara, la serie culminó demasiado rápido. Es algo que definitivamente vamos a extrañar.
  • Mindhunter nos regalaba la secuela que esperábamos. Con un apunte menos orientado a las entrevistas y más aterrizado en el conflicto de la era, la serie confirmaba su importancia para el género.
  • Netflix proponía una serie de series llamada Criminal, de la cual vi solo la versión del Reino Unido y poco se puede rescatar fuera del primer capítulo de premisa interesante y pesada ejecución. Es confundible con cientos de series parecidas.
  • Dead to me nos llevaba al complejo terreno de la comedia negra con una colección rápida de hechos que, bien editados, conforman una gran serie de capítulos cortos. Dos buenas actrices fueron clave para que esto valiera la pena.
  • When they see us obliga a un análisis interno de nuestra sociedad y lo que podemos llegar a hacer por la presencia de un prejuicio. Contiene uno de los mejores performances del año, y uno que lamentablemente la gente parece olvidar en la época de premios. Jharrel Jerome es una estrella instantánea.
  • Llegaba tarde a ver Killing Eve y fuera de sus primeros capítulos, no pude conectarme. Me parece repetitiva, colmada de rellenos y conserva un tono de comedia cuya presencia no termino de entender.
  • Love, Death & Robots es una colección de cortos “animados” que todo el mundo debería ver. Esto abre los ojos y nos presenta talentos que no solemos reconocer. Es increíble darse cuenta de lo grandioso de la libertad creativa en estas muestras.

No mencionará los sitcoms y aquello que dejé de ver porque no creo que tengan algo de innovación en el material del 2019. A veces hay que intentar con cosas nuevas y este año los experimentos valieron la pena.

Este año tengo Disney+ y Shudder, lo que significa que probablemente tenga más opciones para ver y mucho menos tiempo. Esto sin tomar en cuenta que Apple ahora tiene su servicio y probablemente HBO sea mi próximo gasto importante. Parece mentira pero en eso estamos. Miles de opciones y no suficiente tiempo para verlas todas. A veces es cuestión de escuchar recomendaciones.

Escucho sugerencias para el 2020.

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