Movie review: Blue Valentine

Dirigida por: Derek Cianfrance.

Protagonizada por: Ryan Gosling, Michelle Williams, Mike Vogel, Faith Wladyka, John Doman.

Año: 2010.

País: United States.

Duración: 112 minutos.

Blue Valentine es una prueba firme de lo realista y peligroso que el amor puede llegar a ser. Ese amor que nace con ilusión pero que muere (frecuentemente pero no siempre) con la desdicha de una promesa falsa y desesperada. No hay razones para que el amor de estos dos ocurra y sin embargo se esfuerzan en cumplir una necesidad, en tapar un vacío y en ver lo que ya no se puede ver. La película cuenta sin cronología, el principio y fin de una relación obstruida por la realidad que ninguno de ellos quiso ver desde un principio. No pertenecían uno al lado del otro.

La historia se centra en una pareja de clase trabajadora que tienen trabajos monótonos, conformes y poco ambiciosos. De hecho la chica puede convertir su línea de trabajo en algo más valioso pero simplemente no lo desea. El es un hombre alcohólico cuyo valor único es lo que siente por la niña que ambos han criado como su hija pero que es un simple factor adicional al tren vacío de emociones que sus vidas emulan. Funcionan basados en un estándar de pareja y no porque quieren. Ni siquiera su hija puede despertarles algún tipo de emoción.

La fortaleza del filme va en la firme convicción de mostrarnos desde una vista muy personal el desarrollo de una tragedia. Nunca se pretende contar una historia de amor sino de desilusión. Es un estudio fetichista de la muerte de la pasión. Desde los primeros minutos consideramos el fracaso de la relación y lo relacionamos a la actitud destructiva de la madre. Una madre adolescente. Una mujer que se satura de trabajo y no de placer. Ella no tiene mucho que ofrecer a su familia excepto flechazos de realidad. Es una “downer” por naturaleza. Pero el padre también tiene mucho que aportar a este fracaso obvio. No se hace sentir con su pareja y simplemente está en el plano porque le toca, mas no porque quiera.

El director y escritor Derek Cianfrance regala la película a los actores. Ellos con su propia personalidad construyen los personajes y los explotan dramáticamente. El mérito de la película es cómo se transforman durante planos en los mejores y a veces en los peores. La película transcurre en menos de una década y sin embargo vemos el cambio notorio de estos dos personajes complejos, humanos y depresivos. Ellos saben que están actuando; sin embargo nunca lo demuestran. Es como si el rol hubiese estado escrito para ellos. Ryan Gosling lleva ya varios papeles así. Es un actor convincente que toma todos sus roles en serio (Half Nelson por ejemplo). Michelle Williams es primeriza en esta tarea, y sin duda alguna logra el objetivo. Todo plano en el que aparece es perfecto en su ritmo. Nunca pretende deslumbrar. Al contrario logra que la cámara la descomponga. Y más admirable aún es cómo los actores logran química en cualquier escena e interpretando cualquier emoción. El ejemplo más claro es la escena del hotel en la que vemos el estado más natural de la relación deteriorada. Perturbante.

La película es un acercamiento extremo a una realidad que nadie quiere vivir pero que lamentablemente les toca a algunos. El final obviamente que no promueve felicidad y es tan trágico como repentino. Pero la salida posible siempre fue el que cada quien fuera por su camino y se conformaran. Si no pueden ser felices en el amor entonces les tocará ser felices en la soledad. Siguen su camino porque están acostumbrados y porque lo decidieron. Ejemplo de esto es cómo ambos se ponen a buscar el anillo cuando el hombre lo acaba de botar. Resignados se unen en santo matrimonio a buscar.

Calificación: ***

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