Movie review: El rumor de las piedras

Dirigida por: Alejandro Bellame Palacios.

Protagonizada por: Rossana Fernández, Cristian González, Juan Carlos Núñez, Aminta de Lara, Verónica Arellano, Arlette Torres, Laureano Olivares, Zapata 666, Alberto Alifa.

Año: 2011.

País: Venezuela.

Duración: 102 minutos.

La realidad venezolana es un tema que estamos cansados de ver. Tanto en el TV como en el cine, siempre vemos lo mismo. Los malandros, la tragedia, la miseria, la pobreza, las groserías, el sexo, etc. Es quizás por esta monotonía que muchos hemos perdido esperanza de ver cine bueno hecho en nuestro país. Con La Hora Cero hubo reivindicación a nivel de producción. Pero con El Rumor De Las Piedras no esperaba algo nuevo. La sinopsis me indicaba que iba a ver algo más de lo mismo a pesar de que ya empiezo a creer que el cine venezolano tiene una onda más digital, más amateur y más típica de nuevas generaciones. Estaba equivocado. El Rumor De Las Piedras es una visión cercana a un conflicto que todos conocemos pero que pocos hemos vivido. Esta visión es de un alto calibre dramático y a pesar de que en la película haya presencia de factores innecesarios típicos, debo asumir mi responsabilidad y admitir que es una gran película.

Va sobre una madre que vive en un barrio de Caracas con su madre y sus dos hijos. Su madre se está quedando ciega, su hijo mayor es un adolescente atraído por el mundo de la delincuencia, su hijo menor es un prospecto de esperanza, y ella trabaja en exceso para poder mantener a su familia. Son sobrevivientes de la tragedia de Vargas, en la que perdieron todo y por lo tanto tuvieron que migrar a Caracas a un barrio. El objetivo de la madre es sacar a sus hijos de este mundo de delincuencia en el que es normal ver muertos todos los días y los tiroteos son la banda sonora de sus vidas. Su vida llena de preocupaciones está llena de dolor por otro familiar perdido que no puedo revelar pero que es un factor impactante.

La fuerza de la película está dada por las actuaciones. La madre es una mujer que actúa con fortaleza al ver lo peor de las posibilidades, y sin embargo se desploma al mirar hacia un futuro incierto. El adolescente inunda la pantalla de miedo en cualquiera de las circunstancias y logra que lo justifiquemos. El niño pequeño es un gran actor para expresar emociones. Genuinos son todos. La película transmite tristeza y conmueve al saber de los posibles resultados. Al final, no hay muertes que lamentemos pero la vida que queda no es optimista. Es obscura en sentido y totalmente difusa en esperanza. La escena de la cárcel es una de las más fuertes que he visto y no es porque sea gráfica. Sino porque la carga emocional que conlleva es brutal. El recurso de la trama en volver a un principio y reflejar algún tipo de luz al final de túnel es innecesario, pero también debemos estar conscientes de que para ellos, la familia, es el futuro que imaginan con optimismo. Aunque sus vidas estén condenadas, solamente desean una cosa y es volver a ver algo que les haga feliz. Podríamos fácilmente indagar que el final en la playa es imaginario y es que el barrio es una especie de limbo en el que todos caen hasta que la justicia ocurre en cualquier plano psicoemocional posible.

Es otra pieza que da esperanza al cine venezolano y lo promueve en medio de una industria que necesita de estos filmes dramáticos para llevarnos a la realidad. No es esencial verla para saber la situación de nuestro país. Es esencial analizarla como otra visión mucho más real que la que necesitamos ver para sentir la injusticia y la impotencia de los venezolanos.

Calificación: ***1/2

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